Sergio Abreu
Sergio Abreu

La Amazonia, una excusa

La historia enseña por analogía. Tenemos el defecto d e analizar los hechos de forma aislada.

La inmediatez nos hace protagonistas del momento sin analizar lo que nos antecedió y sin tener una visión prospectiva. La causalidad ha estado y estará presente en todos los tiempos. A vía de ejemplo, las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea también tienen su causalidad. Los tres componentes del acuerdo se refieren a lo político, lo comercial y la cooperación, pero las circunstancias han variado y afectan su efectiva entrada en vigencia.

Actualmente, la situación está más cerca de una regresión que de un paso acorde con los nuevos tiempos. El multilateralismo se ha debilitado, las grandes potencias se enfrentan en una lucha de poder norte- norte y el comercio administrado derivado de los rivalidad entre China y los EE.UU., se canaliza al margen de las obligaciones asumidas en la OMC como en los Tratados de integración.

Por otra parte, una moderna agenda ha venido incorporando a los Acuerdos de última generación, los servicios, la propiedad intelectual, el trato nacional para las inversiones extranjeras y normas laborales y ambientales. La tecnología vinculada a las grandes cadenas de valor explica que el 60% de los bienes que se exportan sean semiterminados. En otras palabras, la estrategia que predomina en el comercio internacional ya no se concentra en los aspectos arancelarios para facilitar el acceso de los productos a los mercados. La productividad y la competitividad se constituyen hoy en los ejes del comercio internacional y regional. Estos son los factores que determinan que los dos tercios del comercio mundial sean intrafirma. Un impacto severo al viejo concepto de la soberanía y a los modos de inserción externa de todas las economías.

Pero ¿cuál es la causa por la que la UE no concreta el Acuerdo con el Mercosur? Primero, porque su voluntad política nunca consideró a este bloque, aún en sus mejores momentos, como una de sus prioridades estratégicas. Segundo, porque el ALCA propuesto por los EE.UU. desde Alaska a Tierra del Fuego hace veinte años fracasó, y por tanto, dejó de ser un tema inquietante para la UE. Y tercero, porque la irrupción de China cambió el escenario comercial al ser actualmente la primera exportadora de bienes del mundo y la tercera exportadora de servicio de la mano de la revolución tecnológica.

De todas maneras, la Unión Europea firmó en el correr de estos años sendos Tratados de Libre Comercio con México, Chile, Perú y Colombia. Entonces, más allá de las causas que enumeramos, ¿cuál podría ser la que continúa bloqueando el Tratado con el Mercosur ?

Todo indica que los temas relacionados con la Política Agrícola común Europea se mantienen vigentes. Hasta el nuevo texto incluye “cupos” menores para la carne que los negociados hace unos años. Sin embargo, Francia ha hecho públicas sus reticencias por una razón ecológica. ¿Alguien puede dar crédito al Presidente Macron respecto de las objeciones que compartió con la Canciller Merkel en conferencia de prensa?; ¿puede ser un fundamento serio afirmar que los incendios del Amazonas son el obs- táculo que impiden la entrada en vigencia del Tratado este año?

Veamos. Sin perjuicio de compartir la preocupación ambiental por los incendios que se propagan en todo el planeta, es conocido que en Francia prevalece un proteccionismo histórico en la agricultura vinculado al pensamiento fisiócrata que la consideraban la base de su economía. De tal forma, que en la Ronda Uruguay la Política Agrícola Común de la Unión Europea fue el principal obstáculo para su culminación en Marrakech. De tal naturaleza que las negociaciones se destrabaron, luego que la Unión Europea y los EE.UU. acordaron en el llamado “Blair House agreemen” los aspectos relacionados con las cláusulas sobre aranceles, subsidios y apoyos directos a la agricultura. Aun firmadas en 1993, todavía no han sido cumplidos en su totalidad y Francia no es ajena a esa situación.

En realidad, los países desarrollados son los principales responsables de la contaminación global. Co-mo “mea culpa” impulsaron el Acuerdo de París en el 2015 del que ya anunciaron su retiro los EE.UU. Por otro lado, la Unión Europea aprobó una amplia legislación ambiental, pero sin solucionar todavía temas tan sensibles como la contaminación difusa del agua, la baja calidad del aire en las zonas urbanas, el tratamiento insatisfactorio de los residuos y el declive de especies y hábitats. Por estos incumplimientos los costos estimados rondan los 50.000 millones de euros por año.

En conclusión, a nuestro entender el tema agrícola sigue siendo el mayor obs- táculo para acelerar la entrada en vigencia de lo firmado, sobre todo, porque el Mercosur va camino a consolidarse como la reserva alimentaria y de agua dulce más importante del planeta. Lo demás es una excusa. En consecuencia, el Tratado debe entrar en vigencia lo antes posible. La Unión Europea no puede permanecer siendo el rehén de viejos proteccionismos.

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