En ciencia política existen diversos mecanismos de tácticas de Desinformación.
Las viejas tácticas de Distracción de Chomsky o el Astroturfing ( ilusión de tendencias de masas) o la Posverdad que apela a la manipulación emocional para evitar la evidencia de los datos objetivos. Lo que la Ciencia Política nunca pudo imaginar hasta ahora fue este nuevo fenómeno que le he denominado el Rubietkin. Tratase de una maniobra retórica inventada por el Canciller para desnortear a la opinión pública. De hecho el gobierno uruguayo autorizo a su embajador Daniel Castillos a una reunión global contra el Terrorismo convocada por Marco Rubio.
Por tanto no hay que ser muy sagaz para colegir que si participamos como país en una reunión con Agenda híper transparente en sus objetivos y el embajador se saca fotos con los delegados de todos los países… es porque quisimos mostrarle a EE.UU. y su gobierno que hay afinidad gestual (al menos) con la lucha contra el Terrorismo. Pero lo insólito son las declaraciones posteriores del propio Canciller y del Partido de Gobierno repudiando declaraciones inexistentes del anfitrión del evento (Rubio). En ningún momento de ese encuentro ni Rubio ni ningún otro protagonista del evento acusó a fuerza política alguna del Uruguay de estar promoviendo acciones de terrorismo. Lo único que allí sucedió con algún hilo que nos atañe fueron palabras de evocación histórica por parte del subsecretario de Estado Christopher Landau que dijo:
“Para aquellos de nosotros que crecimos en la década de 1970, el tema de hoy es demasiado familiar. Desde las Brigadas Rojas y el Grupo Baader-Meinhof en Europa, hasta el Weather Underground aquí en Estados Unidos, hasta los tupamaros y los montoneros en América del Sur, muchos de nuestros países están familiarizados en el pasado con el terrorismo político, y desafortunadamente estamos viendo un resurgimiento hoy.” Obviamente Landau hace referencia al pasado .
Si Uruguay o su gobierno no hubiera querido ser parte de esta movida internacional contra el Terrorismo alcanzaba con no haber participado. Lubetkin sabe perfectamente que ninguna potencia extranjera acusó a partido político alguno del Uruguay pero necesita confundir a “la barra” activando el odio “anti Rubio” con una excusa banal. En todo caso debería pronto explicar a las bases del FA cuáles fueron los criterios que justificaron autorizar a nuestro embajador a legitimar dicha entente Antiterrorista.
Vale reflexionar que si en esa reunión participaron delegaciones de 66 países es porque existe en el mundo una legítima preocupación por un rebrote de movimientos o acciones terroristas en distintos lugares del planeta. Tampoco es sorpresa para nadie constatar que Marco Rubio podría ser en un futuro cercano una suerte de heredero político de Trump y esta reunión sea también una señal de liderazgo de cara al futuro. Con mas razón entonces para dar señales claras respecto de si vamos a “mostrarle los dientes” al Imperio o vamos a estar al lado de Rubio y los 66 países en la lucha codo a codo contra el Terrorismo y crimen organizado. Esta táctica “Rubietkin” de estar un día arriba del portaaviones gringo y al día siguiente hacer gárgaras con el viejo “yankis go home” nos aísla del mundo.
La táctica Rubietkin desnuda a Uruguay en su mesocrática duda existencial. Un lunes somos Rubio y el martes ya nos volvimos Irán. Frente al terrorismo no caben dos posturas.