Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Verano y después

En los viejos tiempos una mesa de boliche era apta para discutir el penal del último clásico, el titular de un hecho político de estruendo reciente y controvertir acontecimientos del ser histórico nacional.

 Una conclusión recogía unanimidad. En verano en Uruguay no hay fechas patrias. Lo que vale desde el tiempo de los charrúas de la garra célebre hasta hoy.

Más aún cuando la canícula anula iniciativas del espíritu y el cuerpo. No obstante, con sorpresa al menos para nosotros se ve un redoblar sin mengua de esfuerzos de parte del Presidente de la República. Está presente diariamente en circunstancias ingratas y en acontecimientos gratos, en compañía reducida o en olor de multitud. No es esto apreciación de alguien que se ha formado en una misma escuela histórica de liberalismo nacional, sostenida por generaciones cívicas que son anteriores a la del Dr. Luis Lacalle Pou y, por ello, expresión de afecto condescendiente. Es un dato de la realidad.

En horas tan duras como la que nos trajo la pandemia cuya amenaza no cesa, el pasado año ha cerrado con un impulso económico significativo. Que es beneficio social porque no hay forma de mejorar la situación de los más débiles si no es a partir de una economía sana. Respecto de ambos temas las decisiones de gobierno fueron buenas. Libertad responsable y vacunación en un caso y mantener los cimientos de la actividad productiva y laboral sin cierres ni confinamientos en el otro. En esto último es gravitante la tranquilidad que tiene el empresariado privado en general, consciente que no le vendrán palos tributarios y quitas de resultados, “para que pague más el que tiene más, etc…”. Lo que llama a invertir, realidad que recogen los muestreos de opinión y datos trascendidos públicamente.

Se puede discutir sobre si primero fue el huevo o la gallina, lo que no admite controversia es que primero se precisa inversión, y empresarios creativos y eficientes, para que exista empleo, y riqueza a redistribuir en la seguridad social y las políticas sociales. Sin ello no hay además Leviatan estatal que sobreviva.

El gobierno republicano actual se apoya en una coalición de partidos. Con caracteres propios cada uno y es bueno se planteen controversias en ella sin perder de vista los partícipes que lo más grande que debe preservarse, es el bien común del pueblo uruguayo.

El futuro está empedrado de sorpresas. Internacionalmente vivimos en un vecindario poco propicio. Nada puede esperarse de Argentina que marcha al encierro y la decadencia y de Brasil que -un ejemplo ilustra- por razones aduaneras retuvo hace poco en la frontera camiones refrigerados de carne uruguaya con destino a la Navidad que llegaron al mismo en Año Nuevo.

En lo interno vivimos un sinceramiento que no admite dudas, el viejo Frente Amplio y el Pit-Cnt son hoy una componenda de comunistas y tupamaros, leales a populismos caducos y al abrazo con las tiranías latinoamericanas de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Las huelgas realizadas en pandemia en el puerto de Montevideo, en los frigoríficos con corrales llenos de ganado y la rotura de las máquinas de Ancap, hablan solos. En homenaje de divulgado audiovisual en acto público dijo Fernando Pereira, presidente del FA: “¡Viva Cuba! ¡Viva Fidel Castro!”. Y aplaudía rabiosamente a su lado Marcelo Abdala, capitoste del Pit-Cnt. La máquina de romper -nadie lo dude- solo se detuvo por las imposiciones del verano.

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