Revolución uruguaya IV

Recuerdo muy bien cuando, siendo Presidente de la Cámara de Comercio y Servicios, se organizó un ciclo de conferencias titulado “Hacia un Uruguay con futuro, estrategia de crecimiento a mediano y largo plazo”. Invité como expositores, al fallecido hace un año, ex Presidente de la República y entonces Senador José Mujica, líder del Movimiento de Participación Popular (MPP), y al entonces ex Ministro de Economía y Finanzas, Alejandro Végh Villegas (1928-2017), quien abrió la economía uruguaya al mundo, sentando las bases de las políticas macro económicas que nuestro país mantiene desde hace 50 años. “Pepe” Mujica, acudía aquel 19 de setiembre de 2001 por primera vez a un evento en el salón de actos de la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay, gremial empresarial decana de nuestro país, que estaba abarrotado. El Ing. Alejandro Vegh me preguntó cuando lo invité, si me parecía que el otro expositor querría compartir el estrado con él. El encuentro fue un éxito. Personas con pensamientos muy diferentes confirmaron una vez más, que el diálogo, cuando es genuino, siempre aporta y suma. Y la foto donde estamos sentados los tres, con el colorido escudo patrio detrás - pintado por Juan Manuel Blanes en 1866 -, como fondo enmarcando el acto, quedó para la historia.

Pienso que por esa afable y cordial relación que se generó en la Cámara de Comercio, que Pepe Mujica fue a visitarme el 28 de noviembre de 2002 a Cárcel Central cuando estuve privado de libertad a raíz de la crisis bancaria, económica, política y social que se desencadenó en Argentina y se extendió a nuestro país. Él, que me había conocido, quería saber de primera mano y sin intermediarios cuál era mi versión de los hechos.

Cuando nos saludamos, le dije: “Lo que son las vueltas de la vida, a los dos nos procesaron por asociación para delinquir”. En ese momento, el Tribunal de Apelaciones no nos había sacado todavía esa acusación, como después sucedió.

Estuvimos charlando aproximadamente una hora y media; le conté mi punto de vista de la situación y hablamos de todo un mucho.

Recuerdo muy bien que cuando terminamos la charla y él se fue, inmediatamente anoté sus palabras en el diario personal que llevaba entonces, que aquí transcribo: Me dijo: “Que no teníamos que venirnos abajo. Que las cosas pasan, que toda sociedad necesitaba un chivo expiatorio, que nos había tocado perder a nosotros. Y que había mucha envidia, mucho resentimiento de muchos años, y que eso aflora en algún momento; que había cada tiburón para este cardumen…”.

Pasó el tiempo y el 7 de abril de 2020 estuve con Pepe Mujica en su chacra. Nos sentamos afuera, en los dos sillones de siempre, uno frente al otro, y en eso pasó por allí Lucía (Topolansky), que se dirigía a la casa. Me pare, nos saludamos, y ella continuó con su rutina.

Lo fui a visitar porque quería pedirle autorización, si en un futuro libro, o artículo o en un reportaje que me hicieran, podía decir públicamente lo que me había dicho cuando me fue a visitar en el 2002. Dijo que no tenía ningún problema, que se reconocía en esas palabras que le leí, porque eso era lo que él pensaba. Le dejé ese día, una copia de la transcripción de sus palabras que escribí al terminar la charla con él 18 años antes. Leímos conjuntamente el texto, yo en voz alta, mientras él lo leía en silencio.

Al hablar de su edad, de sus 85 años, me comentó que, a unos veinte metros de donde estábamos sentados, a los pies de un sequoia, lo iban a enterrar a él, y que allí estaba su perra Manuela que murió de 22 años y a quien quería mucho, y que había sentido su muerte. Le comenté que Benedicto XVI, que era un gran teólogo, - en un reportaje que le hizo Peter Seewald -, dijo que el más allá, como dice el Apocalipsis, sería como una tierra nueva y unos cielos nuevos, y que allí estaremos nosotros con nuestros amores, y porqué no también con los animales que han sido parte de nuestra vida. Le conté que quienes tenemos fe, creemos que estaremos en cuerpos gloriosos, incorruptibles, como hoy están la Virgen María y Jesús, y que allá reconoceríamos a nuestros seres queridos. Y allí, Mujica recitó el verso de la canción de Atahualpa Yupanqui: “Si como dicen algunos hay cielo para el buen caballo, ahí andará mi flete, galopando, galopando….”

Me dijo lo que de una u otra manera ha dicho del tema de la fe. Que él no tenía fe, pero dudaba, de alguna manera la añoraba. Que cuando veía que alguien la tiene, sentía como un algo dentro. Que todos los seres humanos buscan creer en algo, lo necesitan, necesitan la esperanza. Dijo que era amigo del Papa Francisco. Que era un gran hombre.

Por todo lo anteriormente dicho, pienso que estas vivencias y otras tantas de la gente que vive en este pequeño y gran país, explican porqué Uruguay sigue siendo un lugar de cercanías en el que, a pesar de las diferencias, muchas veces muy profundas, se dan encuentros que siguen haciendo en nuestros días, la silenciosa revolución uruguaya

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