Por estos días está planteada una inquietud que preocupa especialmente al sector productivo nacional encabezado por la ganadería, sobre el que han expresado unánime opinión las gremiales empresariales del sector. En la industria frigorífica una de las principales empresas -la brasilera Minerva Foods la mayor exportadora de carne de América del Sur- está en proceso de compra de tres frigoríficos del grupo Marfrig, también de origen brasilero -la segunda mayor empresa cárnica del mundo y la principal en Uruguay- ubicados en los departamentos de Colonia, Salto, y San José. De concretarse la operación el comprador pasaría a tener ente nosotros una posición dominante del mercado de carnes, que podría extenderse al 60% del mismo.
Está planteado un tema de principio. La Libertad es una sola y las libertades económicas contribuyen a su vigencia plena sustentando materialmente a partir de la propiedad privada la defensa de los individuos, la acción política y gremial y otros derechos vinculados a la conducta humana.
Es innegable que los países que -más allá de imperfecciones- amparan las libertades públicas, incluidas las económicas, alcanzan niveles de vida superiores a la de aquellos que optan por la dictadura del Estado y la manipulación de la sociedad, incluyendo a las empresas y los mercados. Muy cerca, “el fenómeno Milei” en Argentina viene desarrollando una propuesta que antes que en consideraciones humanistas de la sociedad y la vida, pregonan al desarrollo del libre mercado como medio casi excluyente para alcanzar una sociedad mejor. Es exagerado. Los manuales de economía en función de la experiencia universal revelan que el riesgo de la construcción de monopolios, oligopolios, cárteles y otras expresiones similares de acumulación de fuerzas a través de la dominación de un mercado, está presente, y que su consecuencia es la negación de hecho de la libertad económica. Tales organizaciones derivan a la fijación de precios por la posición dominante y en casos como el que nos ocupa es previsible que de prosperar la compra citada, un solo jugador pueda moldear al mercado cárnico por su sola voluntad.
Dos expresiones políticas inciden en la realidad planetaria. Una son los estados nacionales, que tutelan a los pueblos bajo su gobierno y la otra son las corporaciones multinacionales que son determinantes en la organización de la producción, la industria, el comercio y los servicios, de la mano de un control poderoso del capital, la ciencia y la tecnología. Más aún, nunca se había visto una concentración de la riqueza en pocas manos individuales.
Ante lo comentado siempre hemos tenido presente a las leyes antimonopolios Sherman y Clyton aprobadas en 1890 y 1914, en EE.UU. Las traemos a colación tras ver su cita y consideración detallada en una columna reciente (“Sherman”, col. Pedro Bordaberry, 4/02/24) con aplicación a la industria frigorífica en nuestro país. Estas leyes prohíben en ese país los acuerdos entre competidores para fijar precios o salarios, manipular licitaciones, o asignar clientes, trabajadores o mercados, lo que entienden puede llegar a considerarse incluso como violaciones susceptibles de derivación penal. Conclusión: la Comisión de Defensa de la Competencia ante el pedido de autorización de la compraventa aludida que tiene a consideración actualmente debe rechazar fundadamente su concreción.