En su momento, es decir en setiembre de 2020, se le dio poca importancia al tema. Lo que importaba entonces era quien había sido elegido intendente en cada departamento. Lo demás vendría por añadidura.
Sin embargo, el tema sigue siendo importante y más cuando en Montevideo el electorado persiste en enviar una señal clara. No se sabe bien para que sirven los alcaldes y los candidatos son por lo general figuras desconocidas. Hay gente que ni siquiera sabe en que “municipio” vive. Si lo sabe no entiende porqué su barrio está en la misma alcaldía que la de otro barrio con el que la conexión es diferente.
Para colmo, como mucha gente nunca cambia su registro en la Corte Electoral, cuando llega el momento de votar debe trasladarse a su lugar de juventud, que no siempre coincide con el que vive en ese momento, y supuestamente votar por un alcalde que no atenderá los asuntos de la zona en que realmente habita.
Todo es un gran absurdo y los votantes lo tienen claro. En la elección de 2020 hubo 358.400 votos válidos para alcaldes, sobre un total de 877.300 personas que votaron por las autoridades departamentales. Quiere decir que solo el 41% de los montevideanos que sufragaron, incluyeron una lista para alcalde. El número es apenas más alto que en elecciones anteriores, pero sigue siendo bajo. ¿No es hora de preguntarse entonces qué está pasando y porqué la existencia de los alcaldes no motiva ni moviliza a la gente?
Quizás en otros departamentos la realidad sea diferente. Si bien su población es menor a la de Montevideo, no lo es su superficie, con extensas áreas rurales y dispersión de localidades pequeñas. Allí tal vez el alcalde cumpla un rol de acercar el gobierno departamental a la gente. Aún así, ese rol es difuso, ya que quienes deberían cumplir esa tarea de cercanía con las autoridades, son los ediles.
Al final terminan superponiéndose representaciones difusas al punto que muchos las perciben como parecidas: ediles, alcaldes y concejales. ¿Es necesario que todos coexistan?
En Montevideo esa cercanía entre alcaldes y población no existe y por eso, elección tras elección, la gente se rehusa a poner esa papeleta en particular.
La mayor concurrencia se dio dos veces en un barrio donde la gente encontró como mostrar su disconformidad con el partido que hace más de tres décadas gobierna el departamento. Así fue como Andrés Abt (lamentablemente fallecido a causa de la pandemia) salió elegido dos veces alcalde por una zona que abarca Pocitos, pero también otras zonas de Montevideo.
En todo caso, ese fue un voto protesta, destinado a dar un mensaje político más que a apoyar el mecanismo de las alcaldías.
Recuerdo el caso de un amigo que no vivía en mi barrio pero sí lo había hecho de chico y por lo tanto su credencial era de ahí. Me preguntó si sabía quienes eran los candidatos y yo le devolví la pregunta: “¿Si yo te dijera que se llaman Juan Rodríguez, María Gómez o Luis Pérez, te dicen algo esos nombres?” Ese es el tema. Para el votante, son apenas nombres. No hay personas detrás de ellos. Jamás conocí ni a la distancia quienes fueron los alcaldes de mi zona. En un caso supe que era la hija de un legendario sindicalista. Pero nada más. Nunca supe sus nombres, no conozco su caras. No tengo idea que hacen. No puedo decir que he visto en mi barrio nada que señale que gracias a ellos se hizo algo.
Sé donde queda el CZZ de mi barrio y a el recurrí por distintos motivos. Pero nunca supe donde funciona el municipio de mi zona, que abarca mucho más que el perímetro de mi CZZ.
Por otra parte los alcaldes funcionan con una curiosa dualidad. Su sueldo lo paga la Intendencia, el presupuesto con que se mueven también. Pero los elige la gente. Su autonomía entonces, es acotada. Son funcionarios bien rentados de la Intendencia, pero no designados por el Intendente sino por la gente. Al menos la que se molesta en hacerlo.
Sus funciones también son difusas. Más allá de aspectos concretos, Montevideo es una gran unidad. Si hay que hacer una obra que le sea funcional, es posible que abarque varios municipios a la misma vez. ¿Qué voz puede tener un alcalde cuando la obra o el servicio trasciende sus fronteras?
La abstención en el voto para alcaldes tiene un significado fuerte. No se trata de gente que decide no presentarse a votar. De hecho concurre para elegir intendente y junta departamental. Por lo tanto, al no colocar la papeleta para alcalde, está tomando una decisión deliberada. Más que una abstención, se trata de un voto en blanco. Sabe que hay esa otra opción y rehuye usarla.
Falta tiempo para la próxima elección departamental. Nadie en el mundo político está pensando en ella y por lo tanto no hay calor partidario que pueda sesgar un saludable intercambio de ideas respecto a una propuesta que no satisface. Este sería el mejor momento de revisar el mecanismo, escuchar a esos votantes que no ponen la papeleta y pensar en algo distinto, mejor, más representativo y más eficiente.