HERNAN SORHUET GELOS
Llegó el momento crítico de tomar una decisión. ¿Uruguay regresa a la Comisión Ballenera Internacional (CBI), o sigue al margen por un tema administrativo?
Hace sesenta años las naciones del mundo decidieron crear este organismo con el fin de darle respuesta a la aguda crisis que vivía la población mundial de ballenas. La caza comercial intensiva, desplegada en todos los mares, puso en jaque el futuro de varias especies de cetáceos -mamíferos que incluye a ballenas, rorcuales, orcas, cachalotes, marsopas y delfines.
A pesar de la férrea oposición de algunos países balleneros y muchas empresas dedicadas a su comercialización, en 1986 la CBI puso en práctica una moratoria (prohibición) a la caza comercial de cetáceos. Resultó una excelente medida, pues ha permitido una saludable recuperación de las poblaciones más comprometidas.
Pero, la presión para legalizar la caza comercial de ballenas va en aumento, en particular desde países como Japón que procuran conseguir nuevos votos. Entre el 12 y 20 de junio se llevará a cabo una reunión clave de la CBI para decidir el futuro de estos grandes mamíferos. Cada voto contará, debido a lo parejo de las voluntades en pro y en contra de la prohibición. Esta situación le confiere a la postura uruguaya una carga moral especial. Uruguay nunca debió perder el derecho al voto. Ocurrió por dejar de pagar la cuota de miembro. Hasta ahora los sucesivos gobiernos no han solucionado el asunto, algo que logrará saldando la deuda generada en estos 21 años.
Las ballenas, los delfines y las orcas forman parte de nuestro patrimonio en diversidad biológica. Poseemos un potencial importante para el desarrollo del lucrativo turismo de avistaje de ballenas. En 87 países genera ingresos por más de mil millones de dólares al año. Sin embargo, el tema hasta ahora no ha tenido la respuesta política que merece. Bastará que se acuerde el pago de la deuda -no llega a los 80 mil dólares-, para reingresar a la CBI y poder incidir ya a partir de junio con el voto, en el destino de nuestras ballenas, y las del mundo.
La Organización para la Conservación de Cetáceos de Uruguay viene trabajando incansablemente para lograr el reingreso de nuestro país a la CBI. La campaña que impulsa, incluye 40 organizaciones y ha logrado reunir diez mil firmas. En los últimos meses logró un consenso gubernamental pero, todo está supeditado a que el Ministerio de Relaciones Exteriores obtenga lo antes posible un refuerzo de rubro para encarar la deuda. Su par de Economía aprueba el pago.
Resulta difícil de explicar que Uruguay no considere importante este tema, que ignore la responsabilidad que le cabe en materia de conservación internacional, e incluso, que no perciba los interesantes retornos que su decisión podría generarle. Por un lado apoya la iniciativa de Argentina, Brasil y Sudáfrica de crear el "Santuario Ballenero del Atlántico Sur", y por otro, elude su responsabilidad de ejercer derechos plenos (voto) en el seno de la CBI.
No es necesario comentar lo insignificante que resulta la cifra de dinero que está en juego, dentro de los gastos habituales del estado, incluyendo áreas tan discutibles en cuanto a su conveniencia para la sociedad como viajes, publicidad o renovación del parque automotor oficial.
Aunque es evidente que el país afronta numerosas urgencias, no se trata de centrarnos en las principales y abandonar lo demás, sino de asumir responsabilidades con criterio y visión amplia.
"La racionalidad y el sentido común son principios determinantes en la construcción de una sociedad humana sostenible".