Que todo quede cerca

La inauguración del puente sobre el río Cebollatí en La Charqueada, la semana pasada, fue una gran fiesta popular a la que asistieron el presidente de la República y autoridades nacionales así como también dos intendentes, el de Rocha y el de Treinta y Tres, por cuanto el puente une las orillas de ambos departamentos.

Algunos medios entendieron que la celebración ya tenía tufillo a campaña electoral. Si un corte de cinta realizado a más de un año de la elección nacional ya se le ve cierta intención proselitista, ¿cuándo es que debe fijarse la última que sea vista como tan solo eso: un simple corte de cinta? Más en este caso. El puente no está sobre una gran ruta nacional. Pocos montevideanos y pocos uruguayos en general deben saber exactamente dónde queda La Charqueada o por qué es tan importante este puente (hasta ahora el cruce se hacía por balsa). Por lo tanto más allá de la foto publicada en el diario, no puede decirse que se trate de una inauguración que le reditúe al oficialismo miles y miles de votos. Esto es otro asunto y por eso la gente de la zona lo festejó con algarabía en el entendido de que era un objetivo largamente postergado que por fin se hacía realidad. Se cumplía una promesa electoral, es verdad, pero además se impulsaba una mejor conectividad en una zona apartada del país.

No es la primera vez que en estos últimos años se inauguran puentes o rutas secundarias para beneficio de poblaciones chicas, pero que para quienes viven ahí, el hecho tiene un enorme impacto en sus rutinas cotidianas. Ayudan a que lo que es lejano e inaccesible (aún en un país pequeño) se vuelva cercano y todo esté a mano.

Hace poco miraba un programa periodístico argentino que trataba sobre una comunidad indígena en una provincia del norte de ese país, alejado de todo. La pobreza y el aislamiento eran dramáticos. Cuando a algunos referentes de esas comunidades se les preguntó que sería lo prioritario que pedirían, todos respondieron lo mismo: caminos. El reclamo tiene su lógica. ¿De qué sirve tener una escuela o una policlínica si la maestra y el médico no pueden llegar?

Por eso importa que el gobierno acá esté desarrollando una política muy definida en ese sentido. Todos los caminos (y sus puentes), comunican, facilitan, desarrollan. Ya sea cuando se trata de las principales rutas nacionales o cuando el tema es la caminería rural. Desde las grandes obras del Ministerio de Obras Públicas, hasta lo que le toca a los gobiernos departamentales.

Tener buenos caminos rurales, debidamente bituminizados, facilita la vida de mucha gente. No los hay tantos, lamentablemente, pero deberían ser una prioridad en cada departamento. Poder salir y entrar a lugares aislados, poco poblados y perdidos en el medio de la nada, arraiga la gente. Ayuda a que el campo y las pequeñas poblaciones mantengan a sus habitantes y no sientan que deban emigrar “a la ciudad” para tener una vida con servicios básicos al alcance. Esos servicios llegarían sin tropiezos cuando los caminos los faciliten.

En un tiempo donde a buena parte del campo llega la electricidad, la telefonía, internet, lo que no debería quedar rezagado son justamente los caminos. Por cierto, esto tiene un costo que pesa sobre los presupuestos departamentales, donde al igual que en Montevideo la mayoría de la gente vive en un par de ciudades medianamente grandes y a ellas hay que atender. Pero es bueno insistir en esto de integrar al país, que todo quede cerca.

Lo mismo vale para las rutas. Los nuevos proyectos en ejecución se dirigen, muy lentamente como todo lo uruguayo, a que en ciertos tramos las grandes rutas sean de doble vía. No serán autopistas pero sí al menos durante algunos kilómetros pasarían a ser vías rápidas. Uruguay no es un país tan largo ni tan ancho. Con rutas de doble calzada, llegar a destino demandaría menos tiempo y ofrecería más seguridad.

Para un país que necesita inversiones, tanto nacionales como extranjeras, poder presentar a quien desea iniciar algún emprendimiento, un plan vial sólido, es un atractivo. Los inversores siempre miran cómo funciona la infraestructura de un lugar para decidir si conviene o no instalarse allí: si es fácil trasladar su producción de un lugar a otro del país y si para quienes trabajan en sus plantas el acceso es sencillo. Se trata de un atractivo nada menor. Los caminos importan, todos. Los que recorren el interior profundo y las grandes rutas nacionales. Los puentes unen, acercan.

Por eso, la inauguración del puente en La Charqueada fue un evento importante. Se trata de una señal emitida no solo a la gente radicada en la zona, sino a todo el país. Una señal de acercamiento y una indicación de que estas obras se vuelven cruciales si se pretende un día lograr que este sea un país desarrollado con calidad de vida para todos sus habitantes.

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