Puntos vulnerables

SEGUIR
tomás linn
Introduzca el texto aquí

Aún los políticos más consolidados necesitan pasar alguna prueba que deje en evidencia que también ellos, como el resto de los humanos, tienen sus puntos vulnerables. Eso ayuda a acotar los excesos de optimismo y los deslumbramientos del éxito.

El presidente Lacalle Pou está pasando por un momento de vulnerabilidad. El episodio de su custodio así lo demuestra. En forma inesperada, descubre que no era la persona indicada para ser su guardaespaldas porque se supo que estaba vinculado a una actividad delictiva y ahí saltó a la luz, además, que tenía un antecedente penal. El presidente ha dicho que desconocía ese antecedente y todo indica que el dato le fue ocultado. Ello muestra cuan expuesto estaba.

Lacalle Pou emergió como un fenómeno político en que paso a paso fue consolidando su liderazgo. Tuvo un primer impulso en la elección de 2014 que lo llevó a la presidencia en 2019. Desde ese cargo, y al afrontar el drama de la pandemia, desplegó un estilo que fortaleció su imagen.

Es claro y concreto, no elude ningún problema (ni siquiera eludió este), tiene empatía, no se deja provocar y despliega un saludable aplomo en situaciones de tensión. Una porción importante del apoyo que su gobierno recibe en las encuestas tiene que ver con su estilo.

Lo de su custodio, para usar una expresión popular y gráfica, “lo sentó de un solo golpe”.

Aún así, tuvo rápidos reflejos, convocó a una conferencia de prensa, explicó, se hizo cargo y si bien con rasguños, algunos feos, salió bien parado. Pero fue la primera vez en estos tres años que se mostró vulnerable.

Respecto al episodio en si, es evidente que aún en este aldeano Uruguay hay maneras de tomar decisiones que ya no sirven y más cuando atañen al presidente.

El custodio trabajaba con los Lacalle desde los tiempos de Lacalle Herrera, cada cinco años y en períodos electorales. Entre campaña y campaña estuvo una vez preso y de eso, el presidente (según su propia aclaración) no fue informado cuando lo eligió para su custodia presidencial.

Algo falló en el método de selección. La persona a cargo de la seguridad del presidente además de cierta afinidad con él y su familia debe tener un legajo impecable.

La selección exige ser estricta, cuidadosa y no puede quedar solo al arbitrio del presidente. Ningún antecedente por nimio que sea, se le puede escapar a quienes recomiendan al mejor candidato.

Esta cosa muy a la uruguaya de suponer que es “un buen tipo” y con eso alcanza, no debe ocurrir.

La oposición se regodea con el caso y le da más importancia de la que tiene (aunque la tiene, sin duda). En su objetivo de buscar tres dardos por semana para tirarle al gobierno, acá no tuvo que inventar nada. Le vino servido.

El problema es que, hablando de vulnerabilidades, la oposición tiene las suyas y ni siquiera se da cuenta. Cuestiona al gobierno por problemas que fueron creados o no solucionados cuando el Frente Amplio estuvo en el gobierno. Si no quiso o no pudo resolver esos temas cuando le correspondió ¿porqué pretende que ahora sí se solucionen?

Muchos de estos reclamos dejan a la oposición mal parada, aunque no se da cuenta. Está tan encerrada en su circuito militante, que no percibe que sus exabruptos (a veces eso son) hacen que mucha gente (incluso votantes suyos) se sienta molesta.

En este aldeano Uruguay hay maneras de tomar decisiones que no sirven y más cuando atañen al Presidente.

Una vulnerabilidad es el tema de las ollas populares. Cuando el Ministerio de Desarrollo Social pidió información precisa para planificar su estrategia futura y su plan de gastos, la Coordinadora Popular y Solidaria al principio se negó a entregar esos datos y al final lo hizo tarde y mal. Con lo cual el Mides le quitó su apoyo.

Esta Coordinadora quedó mal ante la población. La gente cree, con cierto fundamento, que su negativa a dar la información solicitada fue para no mostrar que hay menos necesidad de las ollas populares y por lo tanto pierde sentido la cantinela de que “este gobierno hambrea”. Presentar la información, además, sería denunciarse a si mismos porque estarían pidiendo recursos que no necesitan. En otras palabras, estarían alimentando la idea de que han “currado” con el dinero de los contribuyentes para sus fines partidarios.

El otro lío es el del delegado uruguayo ante el cuestionado referéndum organizado en los territorios ucranianos conquistados por Rusia. Fue un papelón y pese a que el Frente Amplio tomó distancia de este episodio, una vez más desnuda su ambigüedad ante dictaduras populistas y ultranacionalistas que violan derechos humanos y conquistan países ajenos.

Otro tema es la absurda resistencia a la reforma educativa. Apoyados por el Frente, los sindicatos no presentan un solo argumento que justifique su oposición. Dicen que no son consultados, pero si lograran que el gobierno modifique esta reforma, se opondrían a cualquier otra porque es lo único que saben hacer.

El vocero de tanta resistencia, para colmo, es un impresentable gremio de docentes (Fenapes).

La estrategia del Frente Amplio es preocupante porque en su vulnerabilidad, a veces parece suicida. Pero allá ellos si no se dan cuenta.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

premiumTomás Linn

Te puede interesar