Profundizando los errores

La rendición de cuentas presentada al Parlamento, tal como se había anunciado, presentó un moderado incremento del gasto público. Los titulares han estado centrados en las dudas respecto a la aprobación del proyecto, lo cual no tiene mayor sentido dado que los votos de Cabildo Abierto están asegurados. El análisis que reviste interés está en las proyecciones para los próximos años y la dinámica esperable que es preocupante, como han señalado ya calificadoras de riesgo y el propio Consejo Fiscal Autónomo.

Un primer punto, que resulta un error reiterado, es que el MEF presenta proyecciones ilusorias (que no optimistas) sobre el crecimiento esperado. Después del yerro del año pasado, en que se proyectó un crecimiento para 2025 de 2,6% de crecimiento y resulto de 1,8%, algo que alertaron en su momento la casi unanimidad de los analistas se vuelve a incurrir en el mismo error ahora. En efecto, pese a que la proyección de crecimiento para 2026 se reduce de 2,2% a 1,6% sigue siendo larga a la luz de la encuesta de expectativas del BCU y de las estimaciones del BCU. Lo mismo ocurre para los años siguientes.

En segundo lugar, este menor crecimiento tiene su correlato en la economía real: menos empleo y menos exportaciones y un fundamento aritmético, malos datos de inversión. A su vez tiene un correlato fiscal, el menor crecimiento de 2025 y 2025 genera un agujero fiscal de unos 500 millones de dólares atajado hasta el momento por más impuestos, así como por un menor gasto en algunas áreas del estado, vale decir, el tope a la ejecución del gasto que se había rechazado anteriormente. Si los argumentos que manejaba el propio equipo económico son ciertos, esta compresión del gasto va a tener su “efecto resorte” en los años siguientes, en los que debería darse la corrección fiscal que se viene postergando.

En tercer lugar, la dinámica fiscal planteada en el Presupuesto que implica nula corrección fiscal en los primeros años de la administración para luego darse con fuerza en el penúltimo y último año de gobierno cada vez es de más difícil concreción. Sólo desde el desconocimiento de la historia económica del Uruguay y del funcionamiento de su economía política puede plantearse este dinámica que no ha ocurrido jamás y es inverosímil que ocurra en la presente administración.

En cuarto lugar, el deterioro del clima de negocios y la caída de la inversión se debe, en buena medida, a errores propios. La situación internacional no es excusa porque la economía uruguaya será una de las de menor crecimiento de América Latina este año. El incremento impositivo, cambios en reglas de juego, el anuncio del envío del proyecto sobre los anuncios de despidos, el ataque a las Afaps resultado del llamado “diálogo social” que apoyó el MEF aunque ahora parece que dará marcha atrás son todos errores no forzados que han tenido un impacto muy claro, como señalan diversos informes.

En conclusión, ya desde el año pasado estaban claros los errores del Presupuesto y la presente rendición de cuentas los profundiza. Incluso la nueva regla fiscal laxa que se aprobó el año pasado corre riesgo de no cumplirse y la dinámica propuesta para los próximos años no resulta creíble. El margen para corregir los errores, cuando no sólo no se reconocen, sino que se profundizan, es cada vez menor.

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