El pasado martes fue ejecutado en China el ex director de la administración estatal relativa a alimentación y medicamentos. Al margen de si Zheng Kiaoyu era culpable o no de haber recibido casi un millón de dólares de soborno de parte de empresas farmacéuticas, el episodio coloca en la atención mundial, una vez más, al sistema comunista chino por su propensión a aplicar la pena de muerte luego de juicios sumarios, no sólo en casos de homicidio sino en instancias de corrupción. El mundo civilizado tiende a aplicar cada vez menos la pena de muerte por lo de bárbaro e irreversible que tiene este tipo de condenas. Sin embargo, varios países insisten en la pena capital y China sería la nación que la aplica con mayor frecuencia. Esto debe ser rechazado y puesto en evidencia.