En julio pasado en una visita a París residí en un hotel pequeño del Barrio Latino. A una cuadra y media de la Universidad de La Sorbona hacia un lado y de la “Île de la Cité” en el Sena del otro. La Sorbona (siglo XIII) -universidad estatal con pago privado de matrícula- se ubica entre otros edificios de origen antiguo y estructura imponente en la zona. Por las vacaciones del verano reinaba tranquilidad y silencio. Un portero vestido con elegante librea estaba en una puerta del edificio. En las paredes breves inscripciones recordaban a la ley que allí prohíbe pintar consignas y pegar afiches. Todos los edificios monumentos y espacios del Barrio lucían impecables.
Vienen de celebrarse las elecciones universitarias en Uruguay para que docentes, egresados y estudiantes vinculados a ella elijan a las autoridades del complejo sistema de órganos de la Universidad de la República. Cuya jerarquía y competencia escapan promedialmente al conocimiento del colectivo ciudadano vinculado a esta organización terciaria. A la “solución” electoral se llegó históricamente luego que en función de la ley orgánica de la Universidad, el partido comunista y organizaciones afines, se apoderaran hacia la década del 60 del siglo pasado, de la institución. Haciendo de ella un comité de base y centro físico de alteración permanente del orden público. Las elecciones eran por “voto voluntario” manipuladas por activistas de grupos marxistas y afines. Mi generación -ingresé en Derecho en 1965- en este esquema perdió por paros, huelgas e intervención tres años de estudios.
Votaba un reducido círculo militante, cuando y como se le ocurría. Con la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay vanguardia estructural del comunismo y tendencias asociadas a la cabeza. Lo que permanece -atenuado- hasta hoy. Un día voló y murió en la Facultad de Ingeniería un estudiante preparando una bomba. Entre las derivaciones del hecho es que surgió legalmente el sistema de votación obligatoria hoy vigente. En ninguna de las 500 mejores universidades del mundo existe un sistema de “cogobierno” parecido al aludido.
En la reciente elección universitaria voté en la sede central de la Udelar en 18 de Julio. Rumbo al lugar subí en auto por Tristán Narvaja, donde estacioné. Sobrellevando a la inútil bicisenda allí instalada que ocupa parte de la angosta calle. Las dos cuadras que caminé rumbo a 18 de Julio eran un himno a la mugre, las pintarrajeadas y a los restos de afiches estampados en las paredes. En la cuadra de la Udelar, en el pasaje Dr. Emilio Frugoni -en el que está el monumento a Dante- el panorama crítico se multiplicaba. Particularmente en la pared lateral de la Universidad. Sumaba a ello un grupo de personas en situación de calle que tenían allí montado un amplio estar con desvencijado sofá incluido.
Un amplio reglamento de la Intendencia Municipal de Montevideo regula la instalación de publicidad en la vía pública y la ley penal nacional castiga las faltas contra la conservación y el cuidado de espacios públicos con trabajos comunitarios (ley 19120 modificativa del Código Penal). Vale reclamar se haga respetar al entorno urbano capitalino, al igual que lo vale controlar la escolaridad cuando -dice la prensa- solo el 27% de los estudiantes salva al menos una materia por año en la Universidad de la República. Que no es gratis. Todo lo paga el pueblo.