Pacto de silencio

De cristal fino, una copa / representa la pobreza / una de oro la riqueza / si llenas de un agua igual / solo a través del cristal / se notan las impurezas.

Esos versos forman parte del poema Consejo a los hijos varones, escrito por el maragato Wenceslao Varela. Viene al pelo para confirmar lo dicho por el senador Daniel Caggiani sobre Yamandú Orsi, a quien calificó como “el presidente más cristalino de los últimos diez años”. ¡Hay que tener el rostro de granito para llamar “cristalino” a un presidente que pasó semanas explicando una misma historia de cinco maneras distintas!

Aunque después, recordando los versos de arriba, entendí que este autor había hecho una interpretación equivocada de las palabras del senador tupamaro. Indiscutiblemente Orsi es cristalino. Y por eso, a través del cristal -metáfora de la pobreza de nuestra política- se notaron todas sus impurezas.

Durante todo el penoso proceso de la Santa Fe, cada palabra que el presidente Orsi emitía lo hundía más profundo en la ciénaga. Le hubiera venido bien atender los consejos del poeta nacido en el pago de Malabrigo. Específicamente al verso que dice: Y si algo cierto no sabe / es conveniente callarse / se salvará de mezclarse / en cuestión que esté enredada / pues con la boca cerrada / no hay peligro de atorarse.

Pero dejemos por un momento el olimpo de Wenceslao y regresemos al sótano intelectual de Caggiani. Según reveló este último en un programa de radio, existió un pacto entre oficialismo y oposición para terminar con el tema de la Hyundai. “Para cuidar la institucionalidad del país”, como se escuchó esgrimir luego a más de un fantasma con la voz engolada.

Si lo dicho por el dirigente del MPP es verdad -quién duda de la honestidad de Caggiani- resulta que nuestra clase política es, como dicen en Argentina, una casta. Negocian con información que los puede comprometer, se cambian figuritas a oscuras, se emparejan para cubrirse mutuamente las macanas que se mandan.

Por suerte, Caggiani no habló de pacto “de caballeros”. En ese caso el desparpajo habría sido inédito. Ahora, si efectivamente es cierto, ¿cuánta suspicacia puede levantar un “pacto” como ese? ¿Qué esconden? ¿Cuál es el temor que le impide a la oposición lanzar el uppercut definitivo con el que noquearían a un rival que les viene tirando golpes bajos desde siempre.

Si Caggiani no miente, es válido creer que a quienes conducen el país no les alcanza con llevarse a sus despachos las estufas que no hay en las escuelas. Con viajar por el mundo en clase ejecutiva bebiendo scotch, ni con hacerse llevar y traer por un chofer a todas partes. Tampoco con ganar sueldos notablemente más altos que el común de sus votantes ni con… la lista podría ser infinita. Si ademas de todo eso, se atreven a armar pactitos para ocultar asuntos que preocupan a la mayoría los ciudadanos, tendrían que retirarse todos por la puerta del fondo.

De ser esa la realidad de la política local, hasta en esta penillanura levemente ondulada, con clima templado y una población avejentada que gusta de combinar el gris con el marrón, más de uno se va a terminar calentando. Porque los pactos para proteger la institucionalidad acaban protegiendo a quienes la deterioran. Además, todos sabemos que las instituciones no se cuidan ocultando información, sino permitiendo que se conozca.

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