Oddone y el traje de candidato

El año 2025 dejó una obviedad política que, empero, nadie señala: el asentado protagonismo político y ejecutivo del ministro Oddone.

Oddone siempre ha contado con dos legitimidades de enorme peso. Por un lado, un apoyo presidencial inquebrantable que le valora mucho su amplio capital cultural y social, algo que además resulta muy complementario al liderazgo de Orsi. Por otro lado, un itinerario familiar y personal que ha estado ligado desde siempre al Frente Amplio (FA): representa a la clase media urbana y montevideana, abierta al mundo y sobre todo a lo mejor del iluminismo moderno y europeo, cree en el mérito personal, en el estudio y en el trabajo bien hechos como herramientas de un ascenso social querido y respetado, y hace ya setenta años que se identifica mayoritariamente con ciertos valores de izquierda que prestan atención a los requisitos de la igualdad social y a un Estado concebido como amplio “escudo de los débiles”.

Sin embargo, ese buen pertrecho debía hacerse valer en la acción política. Y en estos meses de gobierno, hechos de definiciones presupuestales claves y de configuraciones de poder internas que siempre comportan rispideces, Oddone mostró una capacidad de articulación y de concreción tan claras como destacadas. A nivel presupuestal logró mayorías amplias. Y lejos de encontrar resistencias agrias en la interna del FA, hubo allí un sustancial alineamiento tras un proyecto político que, evidentemente, refleja bien ciertas mayorías sociales y políticas del país.

Alcanza con prestar buena atención a algunos reportajes o conferencias del segundo semestre de 2025 en las que el ministro marcó rumbos de largo plazo: no hay otro en el Ejecutivo que tenga tan claro como él el horizonte posible de realizaciones y las definiciones de políticas públicas más sustanciales para ser llevadas adelante. Se puso al hombro el CPTPP asiático, cuando percibió dudas en cancillería; bajó decibeles al lío de Cardama, con sentido común; encontró espacios para dejar conforme al grupo de intendentes, lleno de blancos; y si bien es cierto que hay sindicatos enloquecidos, no parece incómodo en el vínculo con los comunistas del ministerio de Trabajo.

Se dio el gusto, incluso, de sobrar elegantemente a una oposición floja: en setiembre, declaró a este diario que “se tiene oportunidad de mejorar el argumento de la oposición para cuestionar lo que estamos haciendo. Me parece que hay que sofisticar más el argumento”. Así las cosas, abroqueló a lo fundamental del FA tras su conducción; tejió vínculos con la parte más dialoguista de la oposición; y fijó las bases para un gobierno que, si bien es demasiado optimista en sus proyecciones de crecimiento, se plantea llegar con buen ánimo electoral para seguir de largo en 2029.

Falta que corra mucha agua bajo el puente electoral. Pero estos meses han dejado muy claro que Oddone es una excelente síntesis del talante Vázquez-Astori para el nuevo tiempo, y que es por ello una carta de seducción formidable para las clases medias de un país cuya mayoría de por sí es tan favorable al FA como moderada. No le costará nada ponerse un traje de presidenciable que, ya se intuye, le calza muy bien. Y esta fue, sin duda, la novedad política de 2025.

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