JAVIER GARCÍA
Es tan malo negar un problema que rompe los ojos, como asumirlo por obligación y no saber cómo resolverlo. Eso le pasa al gobierno con la crisis de inseguridad. Primero la negó y ahora anda de apuro y a los bandazos buscando soluciones. Las dos cosas son malas.
Hasta hace una semana, previa al homicidio de La Pasiva, los reclamos por seguridad eran para el FA un recurso electoral de la "derecha". Cuando en enero en el llamado a sala que le hicimos a Bonomi en la Comisión Permanente le reclamamos su opinión sobre el decreto 690/80 que permitía la identificación de personas en la calle, nos contestó que no lo compartía porque eso era el fundamento de las razias. Después del reclamo popular de la Plaza Independencia y el silencioso y unánime que recorrió todo el país indignado por el homicidio del joven mozo, al Poder Ejecutivo y al presidente en particular les apareció un espasmo repentino que hizo que citara al gabinete de seguridad dos veces en 48 hs. para tomar medidas. Demoraron siete años. Apareció incluso una insólita tesis donde el presidente quiere "blindar" a Bonomi. En un gobierno que funcione normalmente los que "blindan" son los ministros. Actúan de fusibles para saltar antes que se gaste al presidente. Si hay que cambiar es a los ministros, pues aquí es al revés, Mujica sale a cuidar a Bonomi. ¿Cuál es la razón de esto? No solo la oposición sino la interna del FA que se juega hoy porque allí es donde ya aparecen duras críticas y las encuestas que marcan la caída del FA por el tema seguridad.
En estas horas estudian restablecer la facultad de pedir la cédula en la calle que dejó, por arte de magia, de ser un reclamo de la "derecha" para ser un instrumento progresista y de izquierda y además que los militares asuman tareas de seguridad interior dejó de ser "golpista", como se nos acusó, para ser también casi que una política social. A los militares ya no les queda función por cumplir en este gobierno cuya ideología es tan firme como una ameba.
Los homicidios que en enero eran para Bonomi por una situación "transitoria y azarosa", fruto de los días más largos del verano y del ocio, se transformaron en una epidemia que todos los días nos amarga. Mujica (ya que quiere blindar a Bonomi) tendrá el triste récord de la mayor tasa de homicidios en los últimos 20 años. Lo tendrá junto a Vázquez que nombró a Díaz y Tourné, derogó el 690/80, liberó presos e instaló la excusa social del delito.
Ni hablar de la política carcelaria donde Mujica dice que sabe porque estuvo preso. ¡Qué va a saber! Qué tendrá que ver una cárcel de la dictadura con presos políticos que eran estudiantes universitarios y profesionales de sectores acomodados e intelectuales, con estas de hoy donde se apiñan delincuentes que matan por una dosis de pasta base pertenecientes a los sectores más pobres y marginales de la sociedad. ¡Por favor!
El problema de la seguridad no se arregla hasta que resuelvan su problema ideológico. No es un tema de "derecha" ni de ateneos académicos, es político: o se defienden los derechos humanos o se los viola. No hace falta una dictadura como sostuvo la senadora Moreira para garantizarla. Hay que estar dispuesto a reprimir al delincuente y al delito y no dedicarse a justificarlo y hacerlo víctima cuando es el victimario. Sin miedo, con la ley y con la gente, no hay nada más democrático ni más derecho humano.