Milei choca contra el estupor español

Es el equivalente retórico a los bombardeos de saturación. El arsenal verbal del presidente argentino es tan groseramente destructor de la formalidad institucional imprescindible en la democracia y las relaciones internacionales, que desborda toda capacidad de respuesta.

En la mismísima Madrid, Javier Milei agravió a periodistas locales, calificó al presidente Pedro Sánchez como un “impresentable dictador” y llamó a “echarlo a patadas del gobierno”. Un exceso tan descomunal que bloquea la posibilidad de respuesta.

¿Cómo responder respetuosamente a semejante falta de respeto a la sociedad del país visitado? ¿Cómo cuestionar sin descalificaciones intelectuales y psicológicas o puestas en dudas sobre su equilibrio emocional, una actuación tan vergonzosa para la sociedad que representa y tan en choque con el cargo que ocupa y la institucionalidad que lo enmarca? ¿Cómo le responden los españoles atacados y los opositores argentinos, sin aludir a desequilibrios emocionales y a desconexión total con la realidad?

En la guerra, el bombardeo de saturación implica el lanzamiento de una cantidad tan destructiva de bombas sobre áreas tan grandes y pobladas, que bloquea la capacidad de defensa y de respuesta de los blancos atacados.

En su séptima visita a España, Javier Milei descargó una vez más su arsenal de insultos, agravios e injerencias inaceptables en la política interna del país visitado, desbordando, como siempre, la capacidad de respuesta desde el análisis crítico, la argumentación razonable y el sentido común.

Pero esta vez, del bombardeo de saturación del presidente argentino se pusieron a resguardo sus propios aliados españoles.

Fue otra injerencia tan grosera y perturbadora en la política del país ibérico, que los líderes de Vox y la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso, no pudieron ocultar su necesidad de evitar encuentros públicos y fotos con Milei en la antesala del proceso electoral español.

Ya había ocurrido en ocasiones anteriores, pero sin que trascendiera, la negativa de la Casa Real a concederle la reunión con Felipe VI solicitada por el mandatario argentino. Ni siquiera un encuentro informal con el rey fue aceptado. Por cierto, se respondió con el argumento institucional de que en España no puede haber encuentro con el jefe de Estado sin uno previo con el jefe de Gobierno. Pero esta vez, el rechazo a la petición se dio en voz suficientemente alta como para que se escuchara más allá de la institución monárquica y de las fronteras de España.

Tanto el gobierno español como los periodistas de ese país se sintieron aludidos cuando Milei dijo que no perdía el tiempo con “estúpidos incompetentes zurdos empobrecedores”, pero es probable que todos se sintieran aludidos por la metralla verbal que el visitante disparaba a mansalva.

Como insultar disparando obscenidades contra panelistas y eventuales contertulios en los programas que amasan audiencia con griteríos fue lo que lo visibilizó y le dio competitividad en un escenario político contaminado de corrupción y mediocridad, el exponente argentino de lo que el analista español José F. Peláez llama “infraderecha” convirtió la violencia verbal en su rasgo de identidad, incluso en la presidencia.

Sin embargo, está claro que ese instrumento no es un vehículo todo terreno para avanzar hacia el éxito. En el escenario institucional que ocupa, la violencia retórica de Milei resulta patética y peligrosa.

También resulta negativa para el propio presidente, que ahora mostró en España que empieza a ser un “abrazo del oso” para sus aliados europeos.

Uno de los videos que más circuló en la antesala de su llegada a Madrid, es el que lo muestra diciendo que si fuera verdad que muchos argentinos no llegan a fin de mes, entonces morirían de hambre y sed. La repercusión de ese video fue tan explosivamente reveladora, que sus aliados españoles evitaban contactos públicos durante su visita.
Es que el razonamiento para refutar que millones de argentinos no llegan a fin de mes fue tan absurdo y negligente, que superó toda capacidad de respuesta.

Igual que los bombardeos de saturación.

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