Ruben Loza Aguerrebere
Hoy se cumplen setenta años. Aquella mañana del 24 de marzo, una mujer de bello rostro alargado y ojos melancólicos, clavó su caña de pescar en la arena mojada y luego comenzó a caminar por la orilla del río Ouse, recogiendo piedras, que guardaba en los bolsillos del saco. Después entró en el río y desapareció bajo las aguas.
Así se fue Virginia Woolf, figura mayor de las letras modernas.
No lejos de allí, en Sussex, estaba "Monk`s House", su refugio campestre: una casa grande, sofocada por enredaderas y plantas. En ese ámbito habían tomado forma algunos de sus sueños, los que hoy se prolongan en sus libros.
El famoso novelista William Thakeray fue uno de sus abuelos. Su padre, Leslie Stephen, fue director del "Dictionary of National Biography". Eran parientes suyos los Darwin y los Strachey.
Virginia Stephen vino al mundo en 1882. Debido a la fragilidad de su salud se educó en la biblioteca de la familia; allí asistió a las tertulias literarias de sus padres y conoció a Thomas Hardy, Meredith y Stevenson.
Andando el tiempo ella sería el vértice del celebrado "Grupo de Bloombury", un hito en la historia de las letras inglesas y al que integraban, entre otros, el novelista E. M. Forster (autor de "Pasaje a la India"), el filósofo Bertrand Russell, el economista Keynes (que escribió unas agudas biografías), el crítico de arte Clive Bell (casado con Vanessa Stephen, pintora y hermana de Virginia) y Lytton Stachey, el autor de "Victorianos eminentes".
En 1912, Virginia se casó con Leonard Woolf. Fundaron una pequeña imprenta, de recordada trayectoria y en la cual publicaron sus libros las principales figuras de la generación de los años treinta, por ejemplo, T.S. Eliot, Katherine Mansfield y el poeta W.H. Auden. Naturalmente, en esa misma imprenta, vieron la luz los primeros libros de Virginia Woolf.
Dedicada por entero al mundo de las letras, su religión fue la adoración del arte. Cultivó su sensibilidad a tal punto que para ella la vida y el mundo quedaban sólo justificados como fenómenos estéticos. Baste recordar que entre 1915 y 1941 escribió cinco novelas: "Mrs. Dalloway", "Al faro", "Orlando", "Las olas" y "Entre actos". Su amor por la lectura le dictó dos libros importantes: "Una habitación propia" y "Tres guineas".
Maestra en el arte de sugerir, ayudó a descubrir una nueva manera de abrir el mundo de la sensibilidad y los sentimientos, como diría Jane Austen. Su mundo se caracteriza por los análisis del éxtasis momentáneo, y sus libros pueden ser considerados como vacaciones de la realidad, donde vemos su propia vida enmascarada en novelas, cuentos o ensayos.
Leerla, releerla, es una forma de recuperar su sensibilidad en cada unas de sus páginas. Sus libros permanecen ajenos al tiempo, esperando nuevos visitantes. "Ninguna otra persona de letras del siglo XX (ha escrito de manera contundente Harold Bloom) nos muestra tan claramente que nuestra cultura está condenada a seguir siendo literaria en ausencia de cualquier ideología que no haya sido desacreditada".