Medicina "K"

SEBASTIÁN DA SILVA

Confieso que me produce cierto placer ver las caras de los gobernantes argentinos quejándose de los cortes de rutas de los productores agropecuarios. Mientras en Fray Bentos siguen sonando las frases del jefe de Gabinete, del Ministro de Interior, del Canciller y del matrimonio Kirchner sobre la patriótica y ecológica cruzada de los llamados ambientalistas de Gualeguaychú, en el resto de la Argentina los mismos protagonistas despotrican sobre la violencia intrínseca que conlleva hacer piquetes en las rutas, mandan presos a productores y despliegan a lo largo del asfalto a brigadas de gendarmes con el propósito de impedir la protesta.

En ese entrevero surge con fuerza un viejo conocido de los uruguayos, el verborrágico Don Alfredo de Angelli, el mismo que comandaba la asamblea en Arroyo Verde y se especializaba en impacto ambiental, es ahora el enemigo público número uno de la Casa Rosada. A través de su carisma y por que no decirlo, de su osadía cambia el eje del reclamo con la experiencia y aprendizaje obtenido por estar aislando por más de dos años a un país hermano.

El mismo que ayer era funcional al gobierno K, es el que le baja la popularidad a Cristina con sus comentarios chabacanos.

Resulta obvio que en esta instancia pensamos como Don Alfredo. Nadie en su sano juicio es capaz de imaginarse una producción agropecuaria con impuestos confiscatorios, y mucho menos cuando el mundo clama a gritos más cantidad de alimentos. No se necesita saber de soja para quedar absortos con la inigualable e irrepetible oportunidad que se están perdiendo los argentinos por cometer el error de seguir premiando un sistema político mediocre, que explica entre otras cosas semejante viraje y virulencia.

Es tan grande el cambalache peronista, que los profesionales del corte callejero y que le dieron ese significado a la palabra "piquete", institucionalizando en el diccionario esta forma de protesta, pasaron de compartir la escena frente a los escraches en las embajadas nórdicas a ser los represores civiles de sus antiguos aliados.

Mientras, la planta de Botnia funciona a todo vapor, los niveles de contaminación son los previstos y en la rivera de enfrente no han nacido gurises de dos cabezas, pero seguimos soportando un injusto bloqueo, centenas de familias no han recuperado sus trabajos, y nadie en 87 días se acuerda de las benditas papeleras.

Elija el lector la frase más adecuada, cría cuervos y te comerán los ojos, no se puede escupir para arriba, el que a hierro mata a hierro muere o una más adecuada al conflicto del campo que es el que siembra vientos cosecha tempestades.

Cualquiera de ellas sintetiza lo que podemos sentir los uruguayos, nuestra impotencia de ayer frente a la desidia y falta de respeto hacia nuestra soberanía promovida por y desde el sillón de Rivadavia, al placentero goce de hoy al ver como la misma medicina enfrenta a los artífices de nuestro absurdo aislamiento.

Ahora tenemos otros inmejorables argumentos para presentar en La Haya, basta con grabar y guardar los testimonios de los cuatro o cinco Fernández que gobiernan Argentina para que sean ellos mismos los que justifiquen el daño irreparable hecho ex profeso a la República Oriental del Uruguay.

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