Materia esencial

JUAN ORIBE STEMMER

La mayoría de los desafíos críticos que enfrenta el Uruguay involucran, en mayor o menor medida, el nivel cultural de su población, en términos absolutos y también en comparación con el de los países con los cuales debemos competir en los mercados regionales y mundiales.

Aún podemos sentirnos satisfechos con muchos de los indicadores en esta materia. Pero, otros países que no hace mucho tiempo se encontraban detrás de nosotros hoy avanzan con mayor dinamismo.

A no ser que nos despertemos del autocomplaciente letargo en que persistimos mantenernos, pronto encontraremos que hemos perdido las ventajas comparativas generadas por las generaciones pasadas.

Es en este respecto que los estudios comparativos, a pesar de sus limitaciones, son un valioso punto de referencia para la formulación de estrategias.

Quizás, uno de los mejores ejemplos sean los Informes sobre Desarrollo Humano elaborados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Considera un conjunto de indicadores que luego son combinados para elaborar un valor índice de desarrollo humano para cada país (en total se consideran 177 países). El Uruguay se encuentra en el puesto 46 del índice de desarrollo humano datos (año 2004). Está por debajo de Argentina (puesto 34) y Chile (puesto 43). Pero en una mejor posición que el resto de los países latinoamericanos (incluyendo Cuba, puesto 52; Méjico, puesto 53; y Brasil, puesto 72). ¡Flaco consuelo! Lo que deberíamos hacer es compararnos con los mejor situados: Noruega, Suecia, Australia, Canadá y los Paí-ses Bajos. Incluso con Nueva Zelanda, que se encuentra en el lugar 18.

El estudio realizado por el PNUD considera varios indicadores referentes a la enseñanza: el nivel de analfabetismo en la población y la tasa de enrolamiento en la enseñanza primaria, secundaria y de tercer nivel y el gasto público en la enseñanza preprimaria y primaria, secundaria y de tercer nivel.

La importancia del gasto público en enseñanza se mide analizando la proporción que aquel representa en el Producto Bruto Interno (PBI). Y aquí el Uruguay no queda muy bien parado.

En 1990, el gasto público en enseñanza ascendió al 3,0% de su PBI; en el período 1999-2001 fue el 2,5%. En cambio, los países con mayor desarrollo humano invirtieron una proporción mayor de su PBI, en forma de gasto público, en la enseñanza. En el mismo período el gasto público en enseñanza de Nueva Zelanda ascendió al 6,6% de su PBI; en Dinamarca el 8,3%, Irlanda el 4,3%, Bélgica el 5,8%, Suecia el 7,6%; y Noruega el 6,8%.

En todos esos casos, se trata de países pequeños o medianos, fácilmente comparables al nuestro, pero que presentan un mayor PBI. Por ejemplo, Nueva Zelanda tiene 4,1 millones de habitantes y un PBI de 21.749 dólares por habitante; Uruguay, tiene 3.2 millones de habitantes y un PBI por habitante en torno de los 7.8 mil dólares. Por lo tanto, los países con un mayor desarrollo humano, no solamente invierten un porcentaje mayor de su PBI en enseñanza sino que, además, esa proporción representa una inversión más importante en términos absolutos.

Existe una relación directa entre lo que cada sociedad dedica a la enseñanza y su desarrollo humano. Invertir en la enseñanza es la mejor forma de valorizar el principal recurso natural de cualquier sociedad: la materia gris de sus miembros.

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