Martín R. Echegoyen

Tarea imposible la de sintetizar en este espacio —dedicado a personalidades y hechos del Partido Nacional— la actuación pública del Dr. Martín R. Echegoyen, extendida desde una temprana juventud, siempre al servicio del país y del partido.

Abogado reconocido plenamente. Periodista de alto nivel, sus editoriales de los lunes en "El Debate" marcaron camino a su colectividad durante muchos años. Parlamentario de excepción, ocupó una banca en el Senado en legislaturas consecutivas, con las interrupciones obligadas que provocaron sus actuaciones como Ministro de Instrucción Pública y Previsión Social (hoy Educación y Cultura) y Ministro de Obras Públicas y también como Consejero en el Consejo Nacional de Gobierno, en el primero de éstos como integrante de la minoría junto a Roberto Berro y Alvaro Vargas Guillemete y en el tercero, cuando la magnífica victoria electoral de 1958 llevó al Partido Nacional al poder y la mayoría del Consejo estuvo integrada con Echegoyen, que presidió en el primer año, Benito Nardone, Eduardo Víctor Haedo, Faustino Harrison, Justo M. Alonso y Pedro Zabalza.

Cuando este Consejo Nacional de Gobierno asumió el 1º de marzo de 1959, su presidente, el Dr. Martín Echegoyen pronunció un notable discurso, estableciendo el programa de aquel gran gobierno blanco rodeado por un elenco ministerial de extraordinaria actuación.

Los diarios de sesiones del Senado recogen prolijamente sus participaciones en innumerables temas, poniendo el acento jurídico de sus invalorables conocimientos y también, en oportunidades, la fina ironía o el punzante humor, todo en medio de una galanura literaria inmersa en la riqueza del idioma que manejó con singular maestría.

En el medular discurso de aquel 1º de marzo del 59, expresó, entre otras cosas que "El político ha de actuar siempre en una realidad preexistente impregnada de historia. En la sociedad obran fuerzas no perceptibles, pero de gravitación tan ineluctable como la de las leyes naturales. Ello ha de tenerse presente ante la ilusión de que el éxito, en la dirección política, depende puramente de su intelectualidad..."

Fue candidato del Partido a la presidencia de la República en más de una ocasión, con lo que se reconocían sus valores éticos y cívicos. Precisamente, en el seno partidario, su participación integrando y presidiendo el H. Directorio, se extendió en el tiempo, más de treinta años en sesiones cuyas actas recogen los valiosos conceptos que vertía en esa Sala impregnada de una gran historia del Partido. Nueve H. Directorios, de los cuales presidió seis, son número harto suficiente para probar su nacionalismo que supo extender a un gran patriotismo expresado en múltiples ocasiones con una especial admiración a los fundadores de la República y, desde luego, al Fundador de la Nacionalidad de quien dirá: "A través de la maraña histórica, depurada por el filtro del tiempo, Artigas alcanza categoría trascendental de visionario que, en horas de desconcierto, arrancó al destino sus mejores luces, señalando el porvenir político de las tierras del viejo Virreinato... Nada tan grande como el desprendimiento del mando, según el difícil concepto de Bolívar. Así logra Artigas que los siglos aguarden la hora en que del espacio histórico baje sobre su frente el laurel espontáneo y definitivo..."

Figura nacional, señera, que con sus convicciones manejadas en un campo de honestidad moral y comportamiento personal ejemplo de la figura del hombre público, dejó honda huella para la evocación de su personalidad por parte de correligionarios y de compatriotas, sin necesidad de coincidencias personales ni políticas.

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