Lumière, talento y magisterio

LUCIANO ÁLVAREZ

Antoine Lumière nació en Ormoy un pueblito cercano a París, el 13 de marzo 1840. Una epidemia de cólera lo dejó huérfano a los 14 años. Se inició como aprendiz con un pintor de carteles y letras y cuando la fotografía comenzaba a ponerse de moda volcó en ella su talento. A los veinte años se casó con Jeanne-Joséphine Costille y en 1861 se instalaron en Besancon, una pequeña ciudad cerca de la frontera alemana. Al año siguiente nació su primer hijo Auguste, seguido por Louis en 1864 y Jeanne en 1870. Allí vivieron hasta que la guerra franco prusiana de 1870 les obligó a mudarse a Lyon, su residencia definitiva, donde nacerían sus otros tres hijos: Edouard, Suzanne y Henri.

Los Lumière se adaptaron muy bien a Lyon. Antoine reunía varias condiciones excepcionales: un gran talento plástico, un espíritu inquieto e innovador y tenacidad para llevar a cabo sus metas. Además, les sumaba un temperamento cálido y amigable, ideal para un buen comerciante. Estas virtudes se complementaban de maravilla con las de su esposa: "Mi madre -recordaría su hijo Auguste- no sólo atendía a la clientela sino que llevaba la contabilidad e incluso dominaba varios aspectos de la profesión. De hecho nadie lograba mejor que ella la uniformidad de tonos en el revelado de las copias." El negocio prosperó, sus retratos se hicieron célebres y, fiel al espíritu de la época, no desperdició oportunidad de presentarlos en los grandes eventos. En 1872 ganó la primera medalla de oro por sus retratos.

En 1879 Antoine Lumière introdujo una novedad para la ciudad de Lyon: el uso de la luz eléctrica para la fotografía de estudio, aunque, según él, le resultó menos redituable de lo que pensaba, pero aumentó aun más su prestigio. También es probable que para ese entonces Antoine estuviese cambiando su foco de interés hacia un nuevo asunto: las placas secas al gelatino-bromuro, un procedimiento fotográfico creado en el año 1871 por R. L. Maddox y mejorado en el año 1878 por Charles E. Bennett. Se trató de un avance definitivo para la práctica fotográfica. Desde entonces las placas fueron más fáciles de manipular y el tiempo de exposición bajaba a un cuarto de segundo, poniéndose a las puertas de "la instantánea" y la popularización de la fotografía.

Así lo entendió Lumière. Cerró su estudio y creó, en 1884, una empresa para fabricar placas secas al gelatino-bromuro, "A. Lumière & ses fils". Pero no se limitó a reproducir la fórmula conocida sino que le aportó mejoras importantes, fruto de los experimentos de su hijo Louis, de apenas 15 años. Las placas Lumière, que llevaban la marca "Étiquette bleue", convirtieron a la empresa en una de las más importantes del mundo.

La precocidad de Louis -también de Auguste- se explica por el hecho de que Antoine nunca dejó fuera de su actividad y su pasión a los miembros de su familia. Auguste Lumière escribió que "debemos la felicidad de nuestra infancia al buen sentido de nuestro padre que era un pedagogo incomparable." Para Antoine era más importante "una cabeza bien constituida que una muy llena."

Todos los hijos, varones y mujeres, alcanzaron grandes logros profesionales sin perder el espíritu clánico y festivo. Todos fueron asociados a la empresa: Louis trabajaba como físico e ingeniero y Auguste era el encargado de la administración, aunque, al mismo tiempo, desarrolló un gran interés por la medicina y la biología. La pequeña Jeanette supervisaba el delicado embalaje de las placas. Los menores se incorporarían más tarde.

"A. Lumière & ses fils" continúa acumulando premios: Grand-Prix en la exposición universal de Barcelona (1888) Grand-Prix en las de Paris (1889 y 1900) por la calidad de sus placas sensibles y así sucesivamente. Por otro lado es una empresa modelo. Los Lumière imbuidos de las ideas del socialismo del conde de Saint Simón promueven la previsión entre sus obreros, se crea una caja de auxilios y una sociedad recreativa.

A principios de los 90, progresivamente retirado y millonario, Antoine Lumière se embarca en una verdadera manía por la construcción de grandes mansiones familiares. También viaja mucho y pasa largas temporadas en París. Allí se vincula a la Masonería; llega a ser Maestro del Gran Oriente de Francia. A través de un amigo descubre La Ciotat, un pueblo de unos doce mil habitantes, cerca de Marsella y decide construir allí una gran casa de veraneo, de estilo toscano, frente al mar, en un gran terreno de 80 hectáreas donde crea un viñedo, con personal especializado, edificios funcionales y hasta un pequeño tren para transportar la uva hasta el lugar.

También consagra un tiempo considerable a sus primeras pasiones; la pintura y la música. Durante esos años pinta numerosos retratos y paisajes. Desde entonces La Ciotat será el punto de encuentro de la vasta familia Lumière. Los niños pasean en burritos, salen de picnic o dan largos paseos en barco; los adultos juegan al tenis o salen a pescar. Todos se disfrazan para hacer representaciones teatrales.

Por supuesto, las discusiones sobre los avances científicos y la experimentación nunca faltan. Un día de 1894 Antoine entusiasma a sus hijos con un nuevo invento que se ve venir: Thomas Alva Edison le llama Kinetoscopio, otros, cronofotografía; Antoine prefiere Domitor.

Auguste y Louis toman el desafío. En aquel ambiente distendido desarrollan el aparato y filman unos cincuenta rollos de 46 segundos cada uno. La mayor parte de ellos son testimonios de la vida familiar y algunas humoradas: el desayuno del bebé, baños en el mar, el regador regado, etc.

Como la familia Lumière aprovecha todas las ocasiones para tomar el tren desde Lyon y llegar a La Ciotat, es lógico que uno de aquellos films familiares registre la llegada de un tren a la estación, en el que se ven varios miembros de la familia. "La llegada del tren a la estación de la Ciotat" habrá de convertirse en la primera película espectáculo y un símbolo del naciente cinematógrafo.

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