Ruben Loza Aguerrebere
Más tarde o más temprano, iba a aparecer. El prolífico escritor español Fernando Díaz-Plaja (desde hace 5 años vive en Punta del Este) ha dado a conocer "El uruguayo y los siete pecados capitales" (El Galeón). Como bien sabe el lector, uno de los libros más famosos de Díaz-Plaja es, justamente, "El español y los siete pecados capitales", del que ha vendido un millón de ejemplares. Tras el éxito de ese título, fueron llegando los "pecados capitales" de otros países donde ha vivido, a lo largo de su vida: franceses, americanos.
Antes de proseguir, recordemos algunos detalles del extenso quehacer de Díaz-Plaja. No hay más remedio que sintetizar; hablemos de cifras. Ha publicado 154 libros. En los años que lleva aquí, dio a conocer los dos tomos de su estudio sobre "El Quijote" (Ediciones de la Plaza); una novela sobre la guerra civil española; un estudio sobre las letras de tangos, una colección de cuentos y este esperado volumen de su serie reconocida.
Ha publicado libros sobre la vida cotidiana del pasado, biografías, textos históricos sobre la guerra civil española, una veintena de ensayos literarios y 8 libros de viajes. Como profesor, ha enseñado en 12 universidades, en 7 países. Fernando Díaz-Plaja, un autor erudito, vuelve al camino de su "best seller" y, ahora, nos toca el turno. ¿Cómo nos ve? En las páginas iniciales se escuda en su experiencia, un largo conocimiento de nosotros, en los años que vive aquí, en la cultura y, en fin, en el hecho singular de que su esposa es uruguaya.
Los siete pecados capitales le sirven para ir pintándonos y, para ello, echa mano, a nuestra historia, la lengua, la psicología y, en fin, su conocimiento del mundo, al que ha dado vuelta tres veces.
Como el autor español habla con largueza de nuestros pecados, podemos decir, sintetizando, que somos presuntuosos de "un espíritu cívico que puede compararse, sin exagerar, con los países conocidos por esa tradición en Europa". No encuentra soberbios a los uruguayos; en este sentido nos halla parecidos a los tailandeses. Encuentra semejanzas con los estadounidenses, "desde la división legisladora (Congreso y Senado) al Tribunal máximo de la justicia que aquí se denomina en el mismo orden de Washington, es decir, Suprema Corte igual a Supreme Court", como en el estilo "casual" de los norteamericanos, entre otras cosas dejando de lado la corbata. Nos encuentra avaros, sí; e interesados por el dinero. Observa que un periodista televisivo enviado a cubrir noticias a Oriente Próximo, informó de cuántos dólares le había costado el viaje de Damasco a Beirut, antes de iniciar su relato del conflicto. ¿La Ira? Somos inocentes, y estima que, al ser tan pequeños, no esperamos la admiración de los demás, pero tampoco odio. (Aquí no se le escapan aristas del conflicto sobre las plantas de celulosa). En cuanto a gula y lujuria: pecadores. Aquí, entre otras cosas, el asado y, según él, la larga separación de la Iglesia del Estado, ha influido demasiado. No somos envidiosos, pero, en cambio nos encuentra perezosos, aunque en el mate (un igualador social) estaría la clave para decir que estamos ocupados.
Habitualmente nos interesa saber cómo nos ven los demás; generalmente solemos estar en desacuerdo con sus juicios. Ahora tenemos la rara oportunidad de saber cómo nos ve un escritor español, que ha escrito sobre los españoles, sabiendo que un millón de ellos ha comprado esos libros para mirarse.