Los mentores del FNR

Es sabido que sobre la historia reciente se ha construido un falso relato, que a fuerza de repetición ha hecho carne en amplios sectores de la ciudadanía. Es costumbre en muchas figuras del Frente Amplio contar los hechos del pasado a través de un prisma sesgado.

La semana pasada la exsenadora Lucía Topolansky, entregó una propuesta a la vicepresidente Carolina Cosse para impulsar la creación de una “Comisión de Notables” que analice la ley 16.343, ante el importante déficit que registra el FNR. Propuso al médico Homero Bagnulo para que presida dicha comisión por haber estado en la “génesis” de la mencionada ley.

Sin que haya un cuestionamiento hacia Bagnulo, es bueno precisar que no estuvo en la creación del FNR; sí lo presidió durante el primer gobierno de Jorge Batlle (2000-2005).

Los responsables de la creación del Fondo Nacional de Recursos (FNR), fueron tres notables médicos uruguayos. Tres figuras consulares de la medicina uruguaya: el cardiólogo Orestes Fiandra, el traumatólogo Oscar Guglielmone y el nefrólogo Dante Petruccelli.

Ellos luego de años de trabajo e infinitas reuniones con jerarcas de Salud Pública, lograron que se aprobara el marco jurídico para que todos los uruguayos accedieran a técnicas médicas complejas y costosísimas que hasta entonces estaban reservadas exclusivamente para las personas de muchos recursos.

Sucedió en 1979 y pudo concretarse porque encontraron en el Dr. Antonio Cañellas, ministro de Salud Pública de la época, a un interlocutor que entendió la importancia de lo planteado perseverantemente por Fiandra, Gugliemone y Petruccelli e impulsó el decreto ley N°14.897. Esta norma creó el FNR que a su vez habilitó los Institutos de Medicina Altamente Especializados (IMAE).

Dichos institutos se empezaron a financiar con un pequeño monto (equivalente al costo de una cajilla de cigarrillos de entonces) que pagaban los afiliados a las mutualistas y una contribución del Estado por las personas que se atendían en Salud Pública.

A partir de entonces todos los uruguayos pudieron acceder a cateterismos, a cirugías de corazón y marcapaso, a prótesis de cadera y luego de rodilla, y a diálisis, sin tener que pagar un peso. Con el transcurso del tiempo, y a medida que la medicina fue avanzando, se incorporaron nuevas técnicas. En 1992 se sancionó la ley N.16.343 que actualizó la norma de 1980 e incorporó nuevas prestaciones.

El FNR es por la universalización de las técnicas complejas que financia único en América, y quizás también en el mundo. Así lo expresan médicos de otras latitudes que llegan aún hoy a Uruguay para informarse sobre su funcionamiento.

Bienvenida sea toda iniciativa que, sin fines políticos, apunte a sanear y robustecer al FNR, sin que ello implique nuevos costos para los usuarios. Difícil pero no imposible.

Porque como dijo la propia Topolansky a la salida del despacho de Cosse: “A veces nos olvidamos de cosas que nos ayudaron y fueron importantes”. Por eso es importante contar la historia tal como sucedió y recordar que Fiandra, Gugliemone y Petruccelli estuvieron y fueron la génesis del FNR.

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