Los hielos en la mira

La aparente estabilidad que percibimos en la dinámica natural del planeta es solo eso, un supuesto.

Uno de los enormes aportes de la ciencia al conocimiento humano es justamente, ver más allá del ojo humano y captar lo que está sucediendo, poniendo a disposición información de alto valor para planificar la gestión con mejores posibilidades de éxito.

Un buen ejemplo es la situación actual de los hielos en todo el planeta. Algo que parece tan lejano a nuestros intereses y preocupaciones cotidianas, sin embargo entraña gran importancia por la sencilla razón de que se trata de un síntoma inequívoco del calentamiento global.

Las constantes investigaciones que desde hace muchos años se llevan adelante advierten que los volúmenes de hielo están disminuyendo de manera sostenida -y otro tanto ocurre en muchas de las cumbres nevadas de las cadenas montañosas. Son malas noticias porque implican que los cambios ambientales que están sucediendo son cada vez más evidentes en todo el orbe, y nos obligan a encarar el asunto con mucha responsabilidad.

Todo parece indicar que la variación térmica que experimenta el sistema, consiste en un lento ascenso de la temperatura -que parece estar instalando- capaz de retroalimentarse, afianzando la pérdida de hielo.

Podríamos pensar -con una elevada dosis de ingenuidad- que esta situación no nos debería afectar porque estamos lejos de los hielos perpetuos y de las nieves permanentes. Si lo hiciéramos nos equivocaríamos feo por la sencilla razón de que el comportamiento de la biosfera es comparable a la de nuestro organismo. Lo que nos ocurre en cualquier parte del cuerpo afecta al resto, de una manera u otra; y cuanto mayor es el problema su impacto será mayor sobre el resto de nuestra anatomía y fisiología.

De confirmarse que la disminución de los hielos antárticos y árticos es un fenómeno sostenido, habrá que tomarlo muy en serio y actuar sin demora con mucha determinación.

Lo importante en este punto es no confundir la actual realidad con episodios pasajeros que se han dado en el pasado.

Hemos mejorado considerablemente las capacidades tecnológicas, poniendo a nuestra disposición valiosas herramientas y además disponemos de un enorme bagaje de conocimientos que nos posiciona mucho mejor que hace una décadas, para ajustar nuestras estrategias a los nuevos desafíos. También sabemos que parte de los cambios comprobados en el comportamiento climático, hidrológico, atmosférico y de la biodiversidad, responden a distintos grados de intervención humana. Pero lo que sí podemos controlar es la intensidad y profundidad de esos cambios.

Si bien es cierto que la naturaleza dispone de una capacidad de regulación, también lo es que los seres humanos como especie estamos adaptados a una determinada estructura y funcionamiento de ella, y todos los cambios de cierta entidad que ocurren en nuestro entorno nos afectan de manera directa.

Debemos seguir con mucha atención el comportamiento de los hielos y las nieves permanentes porque son indicadores inequívocos de cambios que están en marcha, capaces de afectar nuestras vidas en el corto y el mediano plazo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

premium

Te puede interesar