La última semana de junio, durante los días adyacentes al 27, hubo una serie de actividades conmemorativas del golpe del año 73. Yo no estaba por esos días en el país y me los perdí todos. Me han contado que en el curso de una de esas actividades —no sé bien cuál ni en qué medio—el flujo de la entrevista o el calor del discurso fue llevando al Dr. Julio María Sanguinetti a hablar sobre el pacto del Club Naval, y estando en eso afirmó —palabra más palabra menos— que la prisión de Wilson Ferreira Aldunate, lejos de constituir para él (para Sanguinetti) una ventaja en la campaña electoral que se desataba, había sido un contrapeso y una desventaja.
Esas afirmaciones del Dr. Sanguinetti han causado enojo e indignación en mucha gente, sobre todo entre los viejos wilsonistas. Me encuentro entre los viejos wilsonistas pero mis reacciones van para otro lado. Durante aquellos años del Club Naval —los anteriores y los inmediatamente posteriores— yo tuve algo que ver con lo que sucedía. Sin embargo, lo que me dicen que dijo Sanguinetti sobre las desventajas o ventajas que él tenía para las elecciones nacionales que efectivamente ganó en el año 84 no me llevan sino a recordar las páginas de un libro que recomiendo. Se llama El Libro de la Risa y el Olvido y su autor es el checo Milan Kundera, quien además de ser escritor fue un luchador por su patria oprimida. El pasaje que espontáneamente me vino a la memoria es el siguiente: "La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad. El futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se reescriben las biografías y la historia".
El Acuerdo del Club Naval tuvo las características de un buen acuerdo. Bueno para los firmantes. Consiguió las distintas cosas que cada uno de los respectivos pactantes quería o necesitaba y les costó a cada uno de ellos muy poco. Los firmantes del Acuerdo del Club Naval fueron tres: el Partido Colorado, los militares y el Frente Amplio (el orden es indiferente). El Partido Colorado consiguió la seguridad de que su candidato presidencial correría sin que los otros candidatos con posibilidades (Wilson y Seregni) pudieran presentarse en la largada. Los militares consiguieron asegurarse que hubiera un primer presidente electo que no les complicara la salida de escena que tenían preparada. El Frente Amplio, que había desfigurado su naturaleza cívica a raíz de algunos coqueteos con la violencia y ambigüedades con la guerrilla, se aseguró un reingreso a la respetabilidad política, nada menos que sentándose a la mesa con los militares. Pero, además fue un pacto de poco o ningún costo para los tres pactantes. Nada salió de su bolsillo. La prenda de pago fue un bien ajeno a todos ellos y que no les pertenecía: la libertad de Wilson. La garantía del pacto del Club Naval, lo que le daba seguridad de cumplimiento y la obtención de los respectivos beneficios para las partes era que Wilson siguiera alojado en el cuartel de Trinidad hasta después de las elecciones.
Cuando terminan las guerras, los generales y los protagonistas, tanto los que ganaron como los que perdieron, se entregan a la redacción de sus memorias. En nuestro país, después que calló la metralleta y cesó el despotismo empezaron a aparecer biografías, relatos de lo sucedido y entrevistas a los protagonistas de aquellos años. A todos les ha sido dada la oportunidad de que cuenten lo que pasó dejando una versión mejorada de sus respectivas actuaciones. Estamos en el tiempo del retoque de fotografías.