Mucho se habló de la eliminación de Uruguay en el Mundial. Se criticó con singular dureza la actuación de Alonso, de Bielsa, de Pajarito, de Darwin y de Muslera. Vaya si se le pegó a Muslera. También se evocó a Tabárez, a Suárez, a Cavani y a Forlán. A aquel maravilloso Forlán que a fuerza de entrenamiento había logrado que la Jabulani le obedeciera como un perro fiel.
Pero más allá de las teorías y las calenturas, la realidad del fútbol es mucho más simple. Y me la reveló hace tiempo un buen amigo, director técnico de primer nivel que fue endiosado y defenestrado una y otra vez.
- El éxito en el fútbol se define por tres centímetros -aseguró-. La pelota va tres centímetros más acá, pega en el palo y sos un burro. Vos como DT y el delantero como jugador. Va tres centímetros más allá, entra en el arco, y somos todos cracks. ¡Tres centímetros! - Exclamó, mientras con los dedos índice y pulgar representaba un objeto minúsculo. Recordando esa sentencia, me vino también a la memoria aquel partido de cuartos entre Uruguay y Argentina por la Copa América de 2011, que terminaría siendo el único título durante los 16 años de la era Tabárez.
Aquella noche en el Cementerio de los Elefantes, Fernando Muslera se atajó hasta el viento. Tras un gol del Ruso Pérez para abrir el score a nuestro favor, Argentina empató. Messi, Tévez, Higuaín y compañía apedrearon el rancho celeste como nunca antes, pero no pudieron hacer otro gol que evitara los penales. Y ahí, otra vez, apareció el Nene. Le tapó el tiro a Tévez y Uruguay pasó a semifinal, donde le ganamos fácil a Perú. La gran final contra Paraguay fue un pesto. 3 a 0 y a festejar. Uruguay campeón de América, Tabárez el mejor entrenador del mundo, Muslera héroe y 18 de julio repleto.
Todo eso fue posible porque durante los 120 minutos de juego con Argentina, los tres centímetros de los que hablaba mi amigo el DT, estuvieron del lado de Uruguay y en contra del local.
Ahora, pasó exactamente lo contrario. El golero de Cabo Verde le sacó al Pajarito un remate que si iba tres centímetros más contra el palo, hoy nos tendría esperando a la Scaloneta.
Y ahí está el cangrejo abajo de la piedra. Las ideas futbolísticas de Tabárez y Bielsa no podrían ser más distintas. Los dos dedicaron su vida a estudiar el juego, a convencer a sus jugadores de que existía un camino hacia la victoria. Y, sin embargo, todo ese trabajo queda sometido a un margen mínimo que nadie controla.
Está claro que los tres centímetros no alcanzan para explicar una eliminación o un título. Antes hubo mucho trabajo, dedicación y esfuerzo. Pero llega un momento en que todo cae bajo el imperio de la chiripa, el viento, un juez distraído o un jugador que pueda estar inspirado o en su peor día.
Porque en definitiva, más allá de los análisis tácticos, las teorías, las estrategias y las decisiones, el fútbol es más simple de lo que pensamos. Y nosotros, del otro lado de la línea de cal, también somos mucho más simples de lo que nos creemos. Ni Tabárez fue mejor entrenador por el penal que le atajó Muslera a Carlitos, ni Bielsa fue peor por el gol que se come el arquero ante España. Aunque los hinchas hayamos creído que fue así. Nos cuesta aceptar que entre un burro y un genio muchas veces no hay un abismo.
Como decía Dante Panzeri: “El fútbol es la dinámica de lo impensado”. Y lo impensado puede medir tres centímetros.