RUBEN LOZA AGUERREBERE
El 24 de marzo de 1941, por la mañana, Virginia Woolf, una mujer de bello rostro alargado y ojos melancólicos, clavó su caña de pescar en la arena mojada por el río Ouse, caminó por la orilla recogiendo piedras que iba guardando en los bolsillos del saco, y luego entró en el río y desapareció en las aguas. Tenía 59 años.
No lejos de allí, al fondo de la calle principal de la villa de Rodmell, en la zona rural de Sussex, estaba su refugio campestre. Era una casa grande, sofocada por el peso de las enredaderas y altas plantas. En ese lugar habían tomado forma algunos de sus sueños, esos que hoy se continúan en sus libros. El célebre novelista William Thakeray fue uno de los abuelos de Virginia Woolf. Su padre, Leslie Stephen, fue un notorio hombre de letras, director del "Dictionary of National Biography", y entre sus parientes estaban los Darwin y los Strachey.
Debido a su frágil salud, Virginia se educó en la biblioteca de la familia y asistió a las tertulias literarias de sus padres, donde conoció a Thomas Hardy, George Meredith y Robert Louis Stevenson. Andando el tiempo, fue el vértice del llamado "Grupo de Bloombury", un verdadero hito en la historia de las letras inglesas modernas. Formaban parte de ese grupo, entre otros, el novelista E.M. Forster, el filósofo Bertrand Russell, el economista John Maynard Keynes (quien también escribó un refinado libro de biografías), el crítico de arte Clive Bell (casado con Vanessa, hermana de Viriginia Woolf, que era pintora), y el biógrafo tan notorio Lytton Stachey
En 1912, Virginia se casó con Leonard Woolf y fundaron una pequeña imprenta, de gloriosa trayectoria. Ellos publicaron libros de las principales figuras de la generación de los treinta: T.S. Eliot, Katherine Mansfield, el poeta W.H. Auden.
Es bienvenida esta edición de sus ensayos periodísticos (inéditos en nuestra lengua hasta ahora) publicados en el suplemento del "Times", titulado "Horas en una biblioteca" (El Aleph/Océano), una obra exquisita, que ayuda a descubrir un nuevo tipo de sensibilidad y una nueva manera de abrir el mundo de las sensaciones y los sentimientos.
La presente compilación abarca desde sus primeros desempeños en la crítica literaria, hasta sus últimas y muy rigurosos ensayos acerca de autores de la talla de Kipling, Melville, Conrad y Dostoievsky, pasando por sus análisis del arte de las biografías. Hay pequeñas obras de arte, imposible de enumerar, pero no quiero dejar de mencionar su crónica sobre su viaje a la campiña de Charlotte Brontë y sus hermanas.
Esa expedición a Hawoerth, muestra, según sus palabras: "... por ardua que fuera la pugna, Emily, y sobre todo Charlotte, lucharon tanto que se alzaron con su victoria". Por si fuera poco, debemos citar asimismo, sus comentarios sobre el mundo literario de Chéjov, de Turgreniev del que destaca su "notabilísimo poder emocional", de Pepys y su admirada Jane Austen.
La perdurable extrañeza que hay en las páginas de Virginia Woolf es otra de la cualidades esenciales de esta escritora insular. Su mundo se caracteriza por sus análisis del éxtasis momentáneo. Yo diría que son vacaciones de la realidad, guiadas por la sensibilidad y el sentimiento, en una elevada fusión de arte y naturaleza.
Los artículos de "Horas en una biblioteca" están, ahora y aquí, como un navío encallado, ajenos al tiempo, esperando nuevos visitantes.