Las noticias falsas

El lio que se destapó en la BBC inglesa y que terminó con la renuncia de sus principales autoridades dejó planteado un problema enorme: ¿cómo hacemos para informarnos sobre lo que de verdad está pasando en Uruguay y en el mundo?

El escándalo de la BBC dejó en claro que incluso grandes medios de comunicación, otrora intachables y referentes ciudadanos, pueden estar emitiendo noticias falsas y falseadas para cumplir con objetivos políticos sectarios: la cadena inglesa editó un discurso de Trump para hacerle decir cosas que no dijo, y mintió radicalmente y a sabiendas en la cobertura del conflicto de Gaza para perjudicar a Israel. Pero no es el único caso: de los ejemplos que conozco mejor, la cobertura de El País de Madrid sobre la guerra en Medio Oriente fue de un sesgo pro- Hamas tan evidente como vergonzoso; y la islamización de las coberturas de Le Monde en París sobre cuestiones internacionales y de sociedad lo hacen ya totalmente ilegible: ellas se suman a sus análisis tan izquierdistas como caricaturescos de las realidades sudamericanas repletas de ultraderechistas malvados.

Hay seguramente varios motivos que expliquen estos fenómenos. Pero más que las causas posibles del asunto, lo que realmente plantea problema es cómo hacer para estar bien informado, es decir, para al menos tener una idea de la verdad fáctica de lo que ocurre en el mundo y en Uruguay. Un camino siempre posible es el de acudir a distintas fuentes de información, de manera de tener varias visiones disponibles y ejercer a partir de allí un criterio propio. Están por supuesto los conocidos protagonistas informativos de siempre, a los que naturalmente se podrán sumar algunos medios de comunicación alternativos que, con paciencia y chequeo paralelo y periódico, pueden también terminar siendo útiles. Por poner el caso argentino: leer La Nación resulta ineludible, pero hay un mundo interesante hecho de algunos análisis en redes sociales que conviene visitar.

Otro camino es evitar el cortoplacismo de la inmediatez, y acceder a las informaciones más permanentes y de largo plazo que muchas veces arrojan mejor luz que la urgencia mediática: los datos macroeconómicos claves para la evolución económica argentina; los militares para entender la situación en Ucrania; o los demográficos para analizar el mayor peso musulmán en Europa, por ejemplo. Ahí el periodismo escrito ocupa un lugar que sigue siendo muy legítimo: los datos económicos diarios compilados por El País en economía, las opiniones especializadas que a partir de ellos escudriñan lo que vendrá, y las investigaciones periodísticas específicas que traen informaciones concretas sobre tal o cual fenómeno - por ejemplo, cuántos son los barrios privados en Uruguay y cuánta gente allí vive, para valorar los cambios urbanos y de sociedad que vivimos -.

Cuando ocurren cosas como lo de la BBC importa mucho valorar lo que se tiene en Uruguay. En este sentido vivir un poco lejos de todo presenta la ventaja de que las modas no golpean con tanta fuerza, por ejemplo, y que sigue manteniéndose cierta vieja ética de cómo hacer periodismo. Ella es valorada por quienes ejercen esa profesión, pero también y sobre todo por quienes se informan a través de los medios clásicos, como por ejemplo es El País.

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