Las fechas patrias y nosotros

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CARLOS MAGGI

El cambio de año, invita a mirar el almanaque y el jueves pasado fue aniversario de la batalla de Guayabos.

Nunca se me ocurrió que se festeje una matanza, pero acordarse, tener presente ese hecho nada despreciable, hubiera sido bueno.

Artigas es un ganador; sin disparar un tiro derrotó al soberbio Manuel de Sarratea, lo empaquetó para regalo y lo mandó junto con sus seguidores para Buenos Aires.

A principios del 1815 le tocó el turno a Manuel Dorrego, un militar de escuela. Fue a detener a "un bandido" en su madriguera, llevó para esa misión un ejército bien armado, entró en el Lejano Norte justamente hasta Arerungúa, y ahí… ahí le dieron una paliza definitiva. Hasta hoy están los porteños por sacarse a los federales de encima. El descalabro de Dorrego sucedió el 10 de enero y ¡qué pena! No queda huella en nuestra memoria de esa hazaña de la patria.

¿Se podrá decir patria, sin provocar una sonrisita malévola?

Bernard-Henry Levi, un izquierdista inteligente, sostiene como es verdad, que Juana de Arco es patrimonio de la derecha, en Francia.

Algo parecido sucede entre nosotros. Poco a poco, las fechas, el himno nacional, la bandera y la patria, han ido pasando al patrimonio inmaterial de las fuerzas armadas. A tal grado, que los izquierdistas sobreactuados, por miedo a ser confundidos, han dejado de emplear el nominativo patria y sus derivados patriotas, patriotismo, apátrida, patricio. Ni siquiera dicen orientales; dicen… uruguayos, como si fuera mejor.

El 18 de julio del año pasado para conmemorar la jura de la Constitución, la ministra del Interior, Daisy Tournée, dijo, aclarando previamente que era una antigüedad:

-"¡Viva la Patria!" Lo dijo avergonzada y provocó un silencio de muerte. La Plaza Matriz se veía absolutamente llena de ausencias. No estaba el Presidente de la República (quien explicó que no tenía ningún motivo para faltar), no estaban los oficialistas, ni la oposición. Había un vacío tan abigarrado que no cabía la falta de un alfiler. Los 40 asistentes, entre los cuales se contaba un perro vagabundo, oyeron a solas cuando la oradora dijo como en secreto: viva la pat…tría y oyeron claramente cuando el coro de los que no estaban dejó de gritar al unísono: ¡¡¡Viva!!!

Al atardecer, la Ministra de Defensa, la señora Azucena Berrutti dijo por la radio oficial:

-"Dentro de la Constitución todo, en la plaza Constitución, nadie".

El presidente Nin Novoa había explicado:

-Nosotros queremos establecer un día único patrio que dure todo el año y que una a todos los uruguayos. (Inequívocamente se refería al desfile de las llamadas).

Tres días después de nuestro irrisorio acto conmemorativo, cuando se vio horriblemente disminuida la Jura de la Constitución, "La Nación" de Buenos Aires demostró que ese vilipendio ni siquiera era original. En su editorial del 21 de julio del año pasado está escrito:

-"Desprecio por celebraciones patrias". "Desde la organización constitucional de la República -decía-, ha sido habitual que los presidentes participaran con respetuosa unción en las celebraciones por las efemérides patrias y en otros actos con que el país recordó episodios trascendentes y tributó merecido homenaje a sus próceres. Lamentablemente, el actual titular del Poder Ejecutivo Nacional (el señor Kirchner), no ha seguido su ejemplo.

"En todo tiempo, los gobernantes han sido conscientes, por encarnar la máxima autoridad del Estado, de que su concurrencia a aquellas conmemoraciones implicaba un compromiso solidario con el sentir ciudadano sobre un historial de glorias compartidas y de sacrificios sin los cuales no se habría podido construir una nación digna y respetada.

"Hubo momentos en que los disensos fratricidas ensombrecieron la vida nacional, pero ni las circunstancias más aciagas restaron la presencia de los primeros mandatarios. Y cada vez que les tocó dirigir la palabra a un público que iba a agitar banderas y aplaudir el paso de las Fuerzas Armadas, sus discursos se elevaron por sobre las mezquindades coyunturales en pos de recordar todo lo que nos unía y no, lo que nos separaba."

COMENTO: Lejos de estar cristalizado, el pasado es tan imprevisible como el futuro. Cada generación tiene el derecho-deber de escrutar lo sucedido, entenderlo, valorarlo y "formarse" en la simpatía (en la emoción compartida), ante los grandes acontecimientos. Así se amasa el patriotismo.

Es en esa línea de coincidencia cultural (y no meramente política o jurídica) donde se va formando una conciencia en virtud de la cual cabe cuestionar el orden establecido por las generaciones anteriores.

El editorial de "La Nación" habla de las celebraciones por las efemérides patrias cuando el país recordó y tributó merecido homenaje a sus próceres.

Yo observo un corredor estrecho. Las fechas patrias van del 18 mayo de 1811 (batalla de las Piedras), al 25 de agosto de 1825 (Declaratoria de la Florida). ¿Será adecuado restringir lo memorable a esos 17 años, dentro de una historia que viene durando 197 años? ¿Corresponde atender preferentemente a las peleas ganadas por los orientales y nunca al progreso de las ideas, a la mejoría en la calidad de vida, que lograron los uruguayos?

Para la selección de las efemérides locales, el siglo veinte no cuenta para nada. Pero nosotros, los compatriotas vivientes, pensamos, sabemos y sentimos que nada vale más en nuestro pasado que el cambio hacia la modernidad que creó la generación del 900. Abjuraron de las soluciones violentas y organizaron por primera vez una convivencia ajena al hecho de matar o morir. Los pasos de la civilización valen por lo menos, tanto como la furia de los que reclaman libertad. Los grandes momentos civiles, merecen pues, recordación.

La tierra purpúrea a la cual atiende con preferencia la serie conmemorativa vigente, muestra un desequilibrio: entre las cuatro fechas principales, hay tres guerreras (19/4; 18/5; 25/8); y una referida a la cultura, justamente el 18 de julio, fecha de la jura de nuestra Constitución democrática.

También es feriado el día de la raza (12/10), que no se sabe a qué raza se refiere; la ley uruguaya habla de América; y en ambos casos a nadie le importa nada.

El día de los trabajadores no se trabaja (1/5) sin que haya un día de los pensadores dedicado a pensar, por lo menos un día.

En un plano de mayor jerarquía, se coloca ahora el cumpleaños de Artigas (19/6); es la fecha preferida por el Presidente de la República y alude a una jornada en la cual el gran hombre no hizo nada.

A parte de estas fechas de la historia patria, figuran en el almanaque unos doce feriados correspondientes directa o indirectamente, a la historia sagrada del cristianismo, gran tradición occidental.

Entrados en la posmodernidad, no se percibe aquí y ahora, lo postulado por el diario argentino: un "sentir ciudadano sobre un historial de glorias compartidas".

Pienso: Si el Presidente Vázquez exagera el desprecio, "La Nación" exagera la glorificación, que muy pocos sienten...

Lo provechoso sería revisar la historia amorosamente, mantener la tradición que más importa; y trazar un nuevo ranking.

Cambiar la prelación de las fechas, reanimaría el entusiasmo, en vez de adormecerlo.

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