La opositora venezolana María Corina Machado podría regresar a Venezuela de un momento a otro. Desde que se marchó de su país por medio de un operativo secreto después de permanecer en la clandestinidad más de un año por el acoso del régimen chavista, su retorno se frenó. La transición en Venezuela, dirigida desde Washington, se inició con el arresto del gobernante Nicolás Maduro y el nombramiento de la chavista Delcy Rodríguez como presidenta encargada. Era el comienzo de una nueva era con chavistas reciclados cuyo desempeño es el de desmontar el régimen autoritario que el desaparecido Hugo Chávez instauró hace más de dos décadas.
A lo largo de esos años, María Corina, al frente del partido de centro derecha Vente Venezuela, se enfrentó al régimen con el coraje y la determinación que exige enfrentarse a un gobierno represor. Cuando Donald Trump lanzó la ofensiva contra Maduro, lo que casi todo el mundo esperaba era que María Corina y Edmundo González Urrutia, quien ganó las elecciones presidenciales en 2024 contra el madurismo, encabezarían la transición delineada por el secretario de Estado Marco Rubio. Pero los planes de Washington eran otros. O, al menos, su cronograma no lo contempla de ese modo, por lo que María Corina ha permanecido en el alero desde entonces, a la espera de que la administración Trump le dé luz verde.
María Corina tiene un aguante de acero. Después de recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo, donde fue agasajada con todos los honores, mantuvo la compostura cuando Rodríguez, que era del núcleo duro de Maduro, fue ungida por el binomio Trump-Rubio como la gestora del desmantelamiento del chavismo. La que fuera vicepresidenta del gobernante depuesto cumplía los requisitos que, de acuerdo al plan de Washington, garantizan el éxito de la hoja ruta pautada. Por si fuera poco, la opositora le concedió a Trump su galardón para complacer el ego herido del presidente, contrariado por no haber recibido ese Nobel de la Paz del que se cree merecedor.
Desde fuera, es inevitable tener la impresión de que la opositora venezolana más reconocida internacionalmente ha tragado muchos sapos. Ella ha puesto buena cara a desaires innecesarios y se ha mostrado alineada a las políticas trumpistas, incluso a las más discutibles. Con perspicacia, su cálculo incluye ese horizonte no tan lejano en el que la oposición recuperará terreno de cara a esas elecciones que deberían celebrarse el año próximo.
Si todo se cumple de acuerdo a la agenda de Rubio, el arquitecto del “cambio de régimen” en Venezuela María Corina y otros líderes del bloque opositor llegarán a Caracas para calentar motores y abanderar el recambio a un chavismo que se presenta con la cara lavada y presumiendo de los elogios que Trump le brinda,.
Confiados en que cuentan con garantías, los opositores han empezado a reabrir sus sedes en la capital venezolana y la reaparición de María Corina suscita mucha expectación. Será una prueba definitiva para ella y tantos otros que se han jugado la vida contra un régimen déspota que, incluso bajo la supervisión del trumpismo, advierte que el retorno no será un camino de rosas. Marco Rubio ha resaltado, “Debemos ser pacientes”.
María Corina Machado tiene un máster en paciencia que ni Trump puede arrebatárselo.