La oposición ineludible

El próximo gobierno es fruto de una votación que, por poco, superó el 50% de los votos. Esto tiene su correlación en las bancas que en senadores como en diputados lo representarán. Mayoría absoluta en ambas lo que, salvo para disposiciones específicas y no muy abundantes, le da un respaldo que quita excusas de lado para no hacer lo que entienda necesario. No habrá entonces ningún argumento para no desarrollar una tarea eficaz, y además con la velocidad necesaria que deberá imprimirse a la misma para que las respuestas lleguen tal cual lo prometido en la campaña.

Esto le toca al gobierno del EP por mandato ciudadano así como esta poderosa voz también diseñó la oposición. La misma estará concentrada en el Partido Nacional que tendrá la responsabilidad de liderar el otro papel clave en la dinámica democrática que es tutelar la vigencia de la libertad, evitando el desborde del poder, así como, en esta coyuntura tan especial de mayorías absolutas, impedir que se alumbren prácticas hegemónicas.

La integración de ministerios supone compromisos explícitos con el titular del gobierno, implica acuerdos de mediana duración que permitan desempeños armónicos de todo el Poder Ejecutivo, y unifica partidos en torno al ejercicio gubernamental. Si esto sucediera, hipotéticamente, entre el EP y el Partido Nacional, se caería en un peligroso camino donde habría un gobierno que sumaría casi el 90 % de los votos de la pasada elección, y casi medio país quedaría sin representación. Se perdería el equilibrio democrático, además de obviarse un mandato popular emanado de las urnas. Pero además, ¿qué razón tendría si ya el gobierno tiene la mayoría absoluta de las cámaras?

Sin embargo la integración en la administración descentralizada, enseñanza y organismos de contralor es diferente porque allí la propia Constitución y la ley establecen mayorías especiales para su designación que suponen acuerdos interpartidarios. El constituyente ya pensó en la necesidad que hubiera una dinámica de controles entre sus miembros, aunque con mayoría para los representantes del gobierno. Es lógico y es sabio que así sea.

No es entonces una concesión sino un sano mandato constitucional. Tan así es que nadie entendería, salvo intenciones hegemónicas alejadas de la democracia, que, por ejemplo, los Consejos de la enseñanza fueran integrados por representantes de un solo signo político obviando a medio país. La pluralidad en esta materia es una política de Estado.

Estas voluntades serán develadas en poco tiempo cuando el Dr. Tabaré Vázquez comience a perfilar su gobierno. En todo caso desde ya sabe qué frente a sí tiene a un partido político que entendió cabalmente el mensaje de la gente, y por ello liderará la oposición. Hacer una buena oposición es tan importante como hacer un buen gobierno, y por ello cada uno deberá preocuparse por hacer bien su mandato.

Los nacionalistas tienen además la obligación, en esta circunstancia histórica, de ayudar al próximo gobierno a evitar que caiga en tentaciones de hegemonía y desborde ideológico o partidario. Podrá no comprenderlo, pero será una contribución fundamental a su desempeño y a la calidad democrática que a todos nos debe preocupar.

Es la primera vez, luego de décadas que no pasaba, que el Ejecutivo contará con mayorías absolutas y por ello evitar absolutismos es prioritario. El país se encuentra fracturado en dos y no es negando a medio Uruguay que se soluciona este problema. Si se comprende esto, vamos bien. Si se cree que las mayorías absolutas permiten argucias legales que niegan la diversidad ideológica y el contralor, se comienza mal.

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