La heladera calienta

Sebastián Da Silva

La última encuesta no sorprende. Refleja un estado de hastío de la población montevideana con la gestión municipal. Nadie en su sano juicio puede estar conforme con lo que han sido las últimas administraciones comunales.

Los tributos más altos del país, la ciudad más mugrienta, una desidia aterradora en el manejo de los fondos públicos, una pésima administración de los recursos humanos, y como si fuera poco un exintendente, una exsecretaria general y un ex alto jerarca con pedido de procesamiento con prisión sintetizan lo que ha sido la escuela de gobierno de la izquierda uruguaya.

De los despachos del palacio de ladrillo ha salido la flor y nata de los cuadros burocráticos que hoy administran el país, acostumbrándose a gobernar en redondilla, con pésima preparación profesional, haciendo milimétricos repartos de poder, con la impunidad de no tener que negociar nada debido a las mayorías que la Constitución otorga a las Juntas Departamentales, haciendo caso omiso a los controles democráticos, abusando de las reiteraciones de gastos observados por el Tribunal de Cuentas, tomándole el pelo a los contribuyentes a la hora de ejecutar los presupuestos, priorizando los cargos, carguillos y contratos en desmedro de la obra pública, y por supuesto culpabilizando a otros de los horrores de gestión que su incapacidad los hace cometer.

Este aprendizaje, se ha trasladado al Gobierno Nacional: COFE va camino a transformarse en la nueva Adeom; hay un aumento gigantesco en el gasto público que no se refleja en inversiones y servicios; la mayoría de la histórica recaudación va para pagarles a los amigos tanto de los sindicatos como de los comités. Aquello de los más preparados para la función se aplica de la misma manera que como designaron un Director de Casinos que tiene el récord de hacerlos perder plata, y la excusa, la culpa ajena, la inmovilidad frente a los desafíos, y el debate cansino y cansador se apodero de la dinámica de gobierno. Montevideo está sucia e insegura a la vez, gracias a esta nueva metodología, la misma que simultáneamente habla de "liberación nacional" y se arrodilla frente a las multinacionales. Intendencia y Gobierno es pan con pan. Son lo mismo, salen del mismo lado y la mayoría egresa de la IMM para seguir tan campante en el Poder Ejecutivo.

Por tanto, gran miopía tendríamos si le endilgáramos solamente a Ana Olivera la responsabilidad de tener el 52% de la población en contra.

Ella sola no tiene la culpa, ella es producto de la nueva clase de gobernantes que impuso la izquierda. Esa clase que crece a costas de una población, inentendible, masoquista, ignorante y hasta amanuense como es la capitalina, que pareciera que prefiere el blablablá a mejorar sus condiciones de vida.

En algún día no muy lejano llegará el momento para cambiar estas cosas, antes vamos a seguir inmersos dentro de este mundo del revés, con una heladera que lejos de enfriar, calienta a un pueblo.

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