En estos últimos días se ha producido un giro copernicano en la campaña por el plebiscito de Ancap.
Intimado por el Dr. Lacalle, el Presidente del Frente Amplio, Dr. Tabaré Vázquez afirma, con la soltura de cuerpo que lo caracteriza, que nunca dijo que Ancap se vendiera.
Del episodio, entre otros, hay dos aspectos que merecen destaque: uno es la claridad con que se ha pronunciado el Dr. Vázquez, muy alejado del estilo críptico al que nos tiene acostumbrados; el otro, es que por primera vez el líder de la izquierda acepta que lo que vienen sosteniendo sus principales seguidores es, lisa y llanamente, mentira.
Así que los coloridos muros que rezan "no vender Ancap", firmados por ese conglomerado de pensamiento ignoto resultante de la mezcla de socialistas, comunistas y tupamaros, resulta que mienten.
Aunque resulta penoso que el líder de una fuerza tan importante haya tenido que ser conminado a responder si lo que su propio partido político decía era verdad o mentira, por lo menos es un principio de avance.
Los que no somos flojos de memoria, recordaremos enseguida otras campañas de recolección de firmas, otros plebiscitos que el Frente Amplio acaudilló. Y se recordará también los ataques brutales y los disparates que entonces se dijeron.
Ahora, el ciudadano tendrá el beneficio de la duda: ¿será verdad lo que esta vez me están diciendo los tupamaros o será mentira, como cuando me decían que Ancap se vendía?
El ciudadano hará memoria y se acordará cuando se dijo que la Ley de Puertos era horrorosa, o que el Marco Regulatorio del Mercado Eléctrico era un disparate, o que Braga era culpable, y tantos etcéteras como se quiera poner.
La confesión de Vázquez de que se le está mintiendo a la gente, sirve para ejemplificar el proceder constante e histórico de la izquierda uruguaya. No de sus votantes, por supuesto, o no por lo menos de la mayoría de ellos. Lo que demuestra, es un estilo de acción política que no titubea en llamar negro a lo que es blanco, o rosado a lo que es celeste.
Esa forma mentirosa de proceder no sería mayor problema si sus efectos se circunscribieran a los dirigentes de la izquierda. Pero como recaen en toda la sociedad, la cosa se complica. Y vaya que se complica, al contemplar lo ocurrido en torno a la ley de Ancap.
Para Vázquez ya no importa que la ley en cuestión haya sido corredactada por legisladores del Frente, según instrucciones recibidas de sus órganos de dirección; ni tampoco que se haya cambiado de postura por la presión del sindicato de Ancap, ni tampoco que la ley no venda Ancap ni nada. El tema, para él, es que hay que votar contra el Gobierno.
Viene al caso recordar la discusión acerca de la ley de empresas públicas. ¿Será ahora que en realidad no se vendían "las joyas de la abuela", ni tampoco que "venían los piratas a sacarle el rico patrimonio a los orientales"? Y, ¿será que los que desde fuera del Frente Amplio se subieron al carro para perjudicar al Partido Nacional, no estarían también mintiendo? Es evidente que aquella campaña de mentiras no tenía otro motor y objeto que dañar el mejor gobierno que ha tenido el país.
Por supuesto que no viene mal lo de Vázquez. Principio tienen las cosas. Por lo menos alienta la esperanza de que el Frente Amplio deje de ser una fuerza negativa y se transforme en un partido que diga las cosas no como quiere que sean, ni tampoco como electoralmente le conviene, sino sencillamente como son. Ni más ni menos.