La actitud nacional

Se cumplió ayer un nuevo aniversario de la muerte del Dr. Luis Alberto de Herrera, ocurrida a sus 85 años de edad. Tenía personalmente entonces 12 años, en 1959 y concurrí con familiares al sepelio. Acompañamos los acontecimientos desde un balcón alto, ubicado sobre la actual Avenida del Libertador Juan Antonio Lavalleja, cerca del Palacio Legislativo sede del velatorio. Desde sus escalinatas hasta 18 de julio, un mar de gente desbordaba al espacio. En olor de multitud la gente retiró al féretro de la cureña que marchaba con sus caballos, blandengues y carruaje, para cargarlo en hombros, hasta el Cementerio Central. Al tiempo que un grito atronador de “¡Herrera! ¡Herrera!” inundó el ambiente.

Pertenecía a una familia vinculada al Río de la Plata y nuestra tierra desde la colonia en adelante. Con integrantes que ocuparon en sucesivas épocas posiciones de responsabilidad. Cuando decía que un pueblo “es una familia muy grande, con su hogar de leños ardientes que son la tradición y la herencia histórica”, expresaba un sentimiento arraigado en su naturaleza.

Hacía suyas las voces de orden históricas de la Nación y del Partido Nacional. Próceres continuadores del impulso artiguista pilares del estado nacional y la República vivían en su santoral. Y un rosario de libros de su autoría les evocan. Lo que sirvió a un liderazgo desarrollado con la convicción de que “el nacionalismo sin pueblo es una mentira”. Y, vivió en contacto permanente con la gente común y sus necesidades.

Con sabiduría natural decía: “todo cambia en el mundo menos la naturaleza humana”. Lo que ayuda a entender la Historia y aleja de falaces ideologías con respuesta para lo que sea, alimentando despotismos. A izquierda y derecha.

Ante las hecatombes políticas actuales, los uruguayos debemos ratificar con Herrera nuestro egoísmo nacional. No obstante, en 2026 -lo que es una conclusión netamente personal- al constatar que no existe el mínimo orden legal internacional ni instituciones que contribuyan con capacidad imperativa a la paz mundial, es inevitable que los hechos pasen a mandar.

Actualmente el Zar Putin ha invadido ilegítimamente Ucrania. Solamente las pérdidas rusas entre muertos y heridos se estiman mensualmente en 35.000 personas. Ucrania lucha. A Putin nada le detiene. El Presidente Donald Trump ha dispuesto la intervención directa de tropas norteamericanas en Venezuela enfrentando a más de 20 años de satrapía castro-chavista. La ciudadanía esclavizada y ocho millones de emigrantes festejan. Por primera vez ante la tiranía de 67 años de la dinastía Castro, una fuerte presencia naval de los Estados Unidos amenaza servir a la caída del brutal régimen. Un pueblo hambreado, torturado, asesinado y tres millones de exiliados lo ven con esperanza de liberación.

Y, en Irán, hay una guerra declarada. Hoy, en tregua provisoria. La élite religiosa había prometido hacer desaparecer a Israel y al pueblo judío de la faz de la tierra. Estados Unidos e Israel han dado contundente respuesta. Alguien puede decir “esto es ajeno y pasa lejos”. Sin embargo, hasta ahora, Irán se ha considerado con pasaporte para ejecutar los atentados de la embajada de Israel y la AMIA en Buenos Aires. Y, ostentar su presencia en el Plata…

Frente a la realidad cada uno puede tener su opinión. En lo personal sentimos que el alma solo puede estar del lado de los pueblos oprimidos.

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