Juez de Márvel

Nadie ignora que de tener éxito, Donald John Trump 47º Presidente de los Estados Unidos de América terminará con la estabilidad política del planeta subordinándola al predominio militar de su país. Para lograrlo la somete al caos. En lo externo, borrando la política internacional basada en reglas convencionales. En lo interno, sustituyendo el poder federal por el suyo propio. Ocioso destacar los peligros que supone para el mundo un modelo que troca derecho por fuerza.

Así deslumbrados por el poder, representantes de la extrema derecha de varios países, junto a liberales confundidos, lo equiparan a un esperado proceso natural donde una élite alcanzará el predominio mundial. Un determinismo económico similar al economicismo marxista que obsta a cualquier política con vestigios de solidaridad.

Tales corifeos, con Milei a la cabeza, asimilando cultura woke con cultura humanista disimulan el desmesurado egotismo nacionalista del Presidente de los Estados Unidos sin reparar que no existen límites a sus frenéticos reclamos territoriales (Panamá, Canadá, Groenlandia, Venezuela, Cuba o el Hemisferior Occidental en su conjunto.) Ignorandos consecuencias se integran como corderos a organismos diseñados, no tanto en beneficio de los EE.UU, sino, como se lo señalan, al dominio planetario del propio Trump.

En ese contexto surgen los interrogantes, ¿qué pasó en la patria de los “padres fundadores”, capaz de escoger como Presidente a un maníaco? ¿Qué explica que la potencia del norte se apropie del derecho a la soberania por la que luchó en dos cruentas guerras frente a su violación por el fascismo?

Con una mirada histórica despojada de pasiones, es lícito argumentar que Estados Unidos es una democracia sólida que a pesar de haber vivido períodos prolongados de racismo y desorbitado anticomunismo, logró preservar sus instituciones republicanas. En lo externo, propició un orden internacional donde sin olvidar graves y frecuentes violaciones al mismo, ocupó un rol esencial en la fundación de las Naciones Unidas. Imperfectas, rengas, irresolutas pero necesarias.

Un proceso institucional similar vivió Europa Occidental, donde la derrota del fascismo, del comunismo y la posterior creación de la UE, colaboraron en el desarrollo de esta tendencia civilizatoria, frágil, a veces desconocida, pero gravitante. Sin embargo, cursando este siglo, nuevas tensiones geopolíticas y económicas ensombrecieron el panorama explicando el surgimiento de populistas en Turquía, Hungría, Polonia y largos etcéteras,

Trump es una figura inusual y preponte que se apresta a desafiar tradiciones largamente abonadas, sin exhibir responsabilidad, templanza o cortesía. Convencido que él y su patológica subjetividad representan lo justo para los suyos. De allí un discurso colmado de autorreferencias laudatorias,

Estamos frente a un egomaníaco, en el sentido clínico del término. Con la creación de la Comisión para la Paz. Pensada para Gaza pero con funciones extensibles a cualquier conflicto. Según él, que la preside, elige y despide a sus miembros -entre otros Rusia si acepta-resulta el “Consejo más grande y prestigioso jamás reunido.” Tanto que depende en cualquiera de sus decisiones del veto de Trump. Él dispone donde cómo y cuándo obtener la paz. De Imperator Mundi, a Jarishem, Juez exclusivo de las tiras cómicas de Marvel.

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