Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Nos estamos construyendo

En estos días marcados por el coronavirus el Uruguay se está construyendo a sí mismo. Es reconfortante: la gente, encerrada en sus casas, lo está sintiendo.

Un episodio cargado de simbolismo y que ha caracterizado ese fantástico proceso de construcción nacional ha sido el procedimiento de salvataje de los pasajeros del buque Greg Mortimer varado en la soledad del mar a veinte millas del puerto de Montevideo. Ni Argentina, de costa más próxima que la nuestra, ni puerto alguno de Brasil, se avinieron a trasladar y recibir a los afligidos pasajeros, casi todos infectados por el virus. Que se arreglen como puedan, dijeron, bastante tenemos nosotros con nuestros problemas; acá no hay condiciones. Pero el Uruguay, el país más pequeño de la región y víctima de la misma amenaza, se dispuso, tomando todas las precauciones pero sin escatimar costos, a concretar el salvataje. Hubo riesgos y complicaciones pero hubo determinación e ingenio; se tomaron precauciones ante esos riesgos y se cumplió con una demanda y exigencia humanitaria. Una exigencia nacida de la situación difícil de la nave pero, sobre todo, una exigencia de nosotros mismos.

Todos vimos por televisión la caravana de ómnibus que partía del puerto hacia el aeropuerto de Carrasco y era acompañada en su trayecto por aplausos espontáneos en los balcones y gente con banderas uruguayas en la vereda de la rambla. Toda esa gente, en cálida algarabía, despedía a los australianos y neozelandeses y, a la vez, aplaudía con orgullo a su país, al Uruguay, este Uruguay, a la Cancillería, al gobierno, a los médicos y enfermeros, a la Marina Nacional y a toda esa generosidad tan uruguaya que había enfrentado la complicada y riesgosa tarea. ¡El Uruguay se está construyendo a sí mismo! ¡Sí señor!

Por eso cada vez le va quedando menos lugar y menos audiencia a los negativos; menos lugar a los que se alimentan del no se puede o que las condiciones no están dadas. Pero ¡señor! Es obvio que en esta pandemia mundial en ninguna parte del mundo están dadas las condiciones. ¡Habrá que crear las condiciones!

Y eso es lo que está haciendo el Uruguay: crear las condiciones, en todos los ámbitos, tal como se hizo en la compleja operación de rescate del Greg Mortimer. Como lo está haciendo el gobierno, como lo está haciendo el Instituto Pasteur, como lo hacen los empresarios de la informática, los productores rurales, la construcción, las viejas del barrio en las ollas populares y todos aquellos uruguayos que ayudan sin que su mano izquierda se entere de lo que hace su mano derecha.

Los especialistas en dificultades se van quedando solos, superfluos, buscando afanosamente un auditorio que ya no encuentran; la gente está entusiasmada con los otros, con los que no esperan que los llamen, con los que traen ideas y proponen soluciones sin el consabido reclamo de un gran acuerdo nacional (que hoy no es lo que parece: “ni murió ni fue guerrero”; hoy es el pedido de los que no tienen nada que aportar pero tienen miedo de quedar afuera, de no salir en la foto).

El Uruguay se está construyendo a sí mismo en estos días, identificándose con y aplaudiendo a los que hacen y sin dar bola a los que se especializan en el catastro de las dificultades. El Uruguay se está construyendo a sí mismo en la intersección de la dificultad y la solidaridad. Y por si fuera poco: con serenidad y buen humor.

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