Joseph N. Welch, el sentido de la decencia

Luciano Álvarez

Maccartismo. El exagerado aporte del Senador Joseph McCarthy (Wisconsin, 1908 - 1957) al lenguaje sigue vivo, pero, estrictamente la palabra designa un período, entre 1950 y 1954, en los Estados Unidos. Conocer el marco no es menor. A la impresionante expansión soviética, luego de la guerra, se sucedieron las bien fundadas y más tarde probadas sospechas de espionaje a favor de los rusos, la detonación de la primera bomba atómica soviética (29 de agosto de 1949), el caso Rosenberg, el triunfo de los comunistas en China (1 de octubre de 1949) y el comienzo de la guerra de Corea, el 25 de junio de 1950.

Aunque los usuarios de la Historia políticamente correcta simplifican las cosas calificado el período simplemente como "histeria anticomunista", el país estaba razonablemente espantado ante la perspectiva de una nueva guerra mundial, esta vez atómica.

Joseph McCarthy, era un político oportunista que había llegado discretamente al Senado en 1947 y temía perder su banca en las próximas elecciones. Entonces encontró el modo de salvarse. Hubo quienes le arrimaron algunos datos y el 9 de febrero de 1950, durante un acto de las mujeres republicanas en la pequeña ciudad de Wheeling, West Virginia, anunció que tenía una lista de 205 comunistas infiltrados en el Departamento de Estado.

Durante los siguientes cuatro años, Joe McCarthy, que ciertamente era un individuo despreciable, agitó fantasmas, realizó escandalosas denuncias, pero no logró llevar a juicio ni desenmascarar a ningún espía, que sí los había. En realidad se dedicaba a elegir víctimas fáciles y temerosas, a las que aterrorizaba con sus amenazas en las célebres sesio- nes televisadas del Subcomité de Investigaciones del Sena- do, del cual era presidente. McCarthy salía bien en cámaras, hubiera podido hacer una larga carrera de actor secundario en películas policiales: tenía el porte exacto para hacer de policía duro y corrupto o de matón.

Con su actividad causó la ruina de mucha gente merced a la potencia difusora de los medios de comunicación y como dice Paul Johnson "a la cobardía moral demostrada por ciertas instituciones, sobre todo en Hollywood y Washington".

Pero a comienzos de 1954 McCarthy había rebasado los límites y ya nadie parecía estar a resguardo de las salpicaduras rojas del senador. Fue cuando colmó el vaso al acusar al secretario de Defensa de encubrir actividades de espionaje extranjeras e infiltraciones en el ejército. El presidente Dwight D. Eisenhower decidió actuar pasando informaciones a la prensa sobre ciertos desarreglos del senador.

Sin embargo, el verdugo fue Joseph N. Welch. El 9 de junio de 1954, McCarthy encontró su destino en la dignidad y las palabras de este abogado de 64 años. La televisión registró el momento y hoy puede verse en "You tube".

En medio de una áspera sesión en la que se trataban otros temas -Welch era abogado del ejército-, McCarthy pretendió golpear por sorpresa. Hablando como distraído, calmamente, con una leve ironía, le dice: "Creo que debo informarle que trabaja en su estudio un joven llamado Fisher que ha sido, durante varios años, miembro de una organización que es un baluarte legal del Partido Comunista".

Welch no reacciona, escucha, tranquilamente tirado hacia atrás en su silla, luego se acomoda, toma apuntes, pide la palabra y le exige con firmeza a McCarthy que lo escuche. El senador se hace el desentendido, habla con sus asesores y le responde: "… puedo escuchar con un oído y hablar con…" Pero Welch le interrumpe:

-"No, esta vez, señor, quiero que usted escuche con ambos oídos, Senador McCarthy, creo que hasta este momento…" y es interrumpido a su vez: "Bien. Solo un minuto. Jim, Jim, ¿puedes confirmarme que este hombre pertenece a esta organización comunista...?"

-"Le responderé que pertenecía a ella", dice tranquilamente el abogado y agrega: "Recién en este momento, Senador, me doy cuenta que nunca había medido realmente hasta donde llega su crueldad y su irresponsabilidad"; inmediatamente explica que sabía del riesgo que corría, tanto él como el joven abogado y concluye: "… lamento decir […] que [Fisher] llevará siempre las innecesarias cicatrices infligidas por usted. Ojalá pudiera olvidar su crueldad e irresponsabilidad, lo haría -dice conmovido. Me gusta pensar que soy un hombre tolerante, pero el perdón tendrá que venir de alguien diferente a mí."

McCarthy insiste con su denuncia y amenazas hasta que Welch dispara: "Al fin y al cabo, ¿tiene Ud. sentido de la decencia? ¿No tiene sentido de la decencia? ¿Ha perdido el sentido de la decencia?

Esta vez McCarthy baja la cabeza, pero más bien como un toro; intenta un contraataque con una monótona perorata de un minuto y medio, pero ya está perdido. A Welch solo le basta con dar por terminada la discusión:

-Sr. McCarthy, no voy a hablar más con Ud. […] y por el Dios del cielo, no le deseo ningún bien, ni a Ud. ni a su causa. No seguiré discutiendo con Ud., no pediré más testigos. Si quiere, Sr. Presidente llámelos Ud...

La sala estalla en aplausos, McCarthy baja la cabeza, los demás miembros de la comisión guardan silencio.

Joseph McCarthy murió el 2 de mayo de 1957, en realidad había muerto tres años atrás. Joseph N. Welch se convirtió en un héroe nacional. El realizador Otto Preminger le rindió homenaje dándole el papel del juez Weaver en Anatomía de un asesinato (1959). Vale la pena ver su sólida actuación y verlo a él. Murió el 6 de octubre de 1960.

"Maccartismo" es todavía una expresión que proporciona uno de los usos más prácticos, eficientes y simplistas, para referirse a toda operación de supuesta o real intolerancia contra posiciones de izquierda. Sin embargo carecemos de palabras para definir lo contrario, como si lo contrario no existiera, es decir, la intolerancia ideológica o las diferentes formas de persecución y marginación a quienes no participan de las ideas o los gustos estéticos de las izquierdas en situación hegemónica.

Mejor dicho sí existe. Se trata de la expresión "zhdanovismo", en referencia a Andréi Zhdánov (1896-1948) asesor cultural de Stalin, que persiguió y condenó -con mayor eficiencia que el senador- a todos aquellos artistas que no practicaran un estricto "realismo socialista". Es claro que ha caído en total desuso y si alguien calificara un hecho de zhdanovista, tendría que hacer grandes esfuerzos para explicar este arcaísmo.

También existe "purga", para referirse a la persecución política y condena de reales o supuestos agentes del enemigo, durante la guerra fría, aunque su uso también suena arcaico, incluso no es de "buen gusto".

En aquellos mismos días de los cincuenta, del otro lado del Atlántico, en Hungría, Checo-eslovaquia, Polonia o la Unión Soviética no se necesitó un McCarthy para matar comunistas, el propio partido se encargó de eliminar centenares de dirigentes. Allí no hubo ni hubiese podido haber un Joseph Welch.

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