Una de las mejores canciones en el repertorio de Ray Charles, aquel negro ciego que cantaba como los dioses, tenía ese título: es tiempo de lágrimas, tiempo de llanto.
Los periodistas y comentaristas políticos contemporáneos han acuñado un lugar común: los gobiernos que recién empiezan gozan de un período agradable que llaman luna de miel; lo pintan como tiempo del entusiasmo sin estrenar que encuentra, por fin, el cauce para aplicarse, tiempo en que todo parece fácil, no ha habido desgaste ni desengaños y el horizonte es infinito y azul.
Contrariando ese cliché este gobierno -o el Frente Amplio en el gobierno- está en un tiempo de llanto, de queja, de sollozo: declaran un día sí y otro también que las dificultades son enormes y que la situación que han encontrado al asumir los anonada.
La primera conferencia de prensa a la que convoca el presidente Orsi es para lamentarse de la situación de Ancap. Quien sea que haya sido el que eligió ese tema eligió mal para los intereses del presidente Orsi. La exposición quejosa de la situación de Ancap fue fragmentaria, no tuvo en cuenta el costo de la detención de la refinería, mucho mayor que lo habitual por conflictos gremiales. Pero, además y hablando de habilidad o falta de ella, por aquello de que no conviene mentar la soga en casa del ahorcado, si de algo no le conviene hablar al Frente Amplio es sobre el mal manejo de Ancap, empresa que tuvo que ser capitalizada en 800 millones de dólares cuando la dirigía Sendic, durante el último gobierno de Vázquez.
Este episodio de la conferencia de prensa improvisada del presidente y la ministra Cardona no ha sido una excepción o un exabrupto: las quejas y el llanto se instalaron desde el comienzo del período. Recordamos -por inolvidable- la salida de aquel senador quejándose de que el gobierno anterior había dejado una economía sembrada de bombas que iban a explotar en cualquier momento. Lo cual, por supuesto, tuvo que apurarse en desmentir el ministro de Economía.
También en esta línea ha tenido destacada actuación el exfiscal Díaz, ahora subsecretario de Presidencia pero que opina sobre todos los temas y se mete en todos los asuntos; se quejó amargamente de la Ferrari que recibieron abollada, maltrecha y demás, ¿recuerdan?
No tienen idea estos actores políticos secundarios de la complicación que le generan al ministro Oddone, quien sabe de sobra la necesidad de inversión extranjera y de la preservación del buen nombre del país (investment grade) a esos efectos. No tienen idea del daño que le hacen a su propio gobierno y al país.
El Partido Nacional tiene obligación de rectificar los datos errados y cuidar la memoria de su gestión en el gobierno. Pero ¡ojo! No puede quedarse en eso, yendo siempre atrás de cada queja y de cada llanto, respondiendo y rectificando. El Partido Nacional tiene que ponerse a pensar ya de qué quiere hablarle al Uruguay, qué cosas tiene para decirle al Uruguay, cómo y dónde se ubica para entablar (o retomar) el diálogo y la comunicación con el país. Porque el interlocutor primordial no es el Frente Amplio ni el gobierno: es el país.
Y en cuanto al llanto y la queja: apoyar discretamente la tarea del ministro Oddone para que no se maltrate al cuete (o por propósitos políticos subalternos) la imagen del país.