El 17 de julio se conmemora el Día Nacional para la Prevención del Suicidio. En el año 2022, 823 personas se quitaron la vida en el Uruguay. Se registra con este número la mayor tasa de mortalidad por suicidio de los últimos 12 años, alcanzando a 23,3 cada 100.000 habitantes; a nivel nacional se da un aumento sostenido de los casos desde la década de los ’90.
Con el objetivo de mejorar la respuesta del sistema sanitario en este tema, el MSP comenzó a implementar el año pasado un sistema informático de registro obligatorio de los intentos de autoeliminación (IAE) en las puertas de emergencia. Este hito, que pasó un poco desapercibido en la agenda pública, permite monitorear y fiscalizar el cumplimiento de la normativa vigente, que obliga a los prestadores a garantizar asistencia a este grupo de especial riesgo.
Según los registros del MSP, el 50% de los IAE en el 2022 se dieron en jóvenes menores de 29 años. Este dato está estrictamente relacionado con otra información de público conocimiento y no tan nueva, que mostraba la Encuesta de Adolescencia y Juventud en el año 2018. En aquel año, el 14.4% de los adolescentes y jóvenes del Uruguay manifestaron haberse sentido tan tristes o desesperados por 2 semanas al punto de dejar de hacer sus actividades habituales; el número comparado con el 2013 había crecido 4 puntos porcentuales. En las próximas semanas estaremos publicando los resultados 2022-23, que lamentablemente reflejan el impacto de la pandemia y marcan un agravamiento de la situación.
Es evidente que como país estamos fracasando en este tema. Las soluciones que hemos implementado en las últimas décadas, especialmente focalizadas en el sector sanitario, claramente no son suficientes. Hace unos días, en este medio se publicaba una nota con entrevistas a varios expertos en la temática. Todas las opiniones allí representadas hacían hincapié en el vínculo que existe entre la salud mental y el desarrollo social. Lamentablemente, hasta la fecha, esta relación ha sido directamente ignorada desde el diseño de las políticas públicas.
En la dirección de innovar y cambiar este enfoque, desde el Ministerio de Desarrollo Social presentamos este año el Programa “Ni Silencio Ni Tabú”. Se trata de una iniciativa que propone trabajar en prevención y promoción del bienestar de adolescentes y jóvenes, involucrando al sector salud, educativo, deportivo y social, con una clara apuesta a la participación activa de sus beneficiarios.
Con un abordaje intersectorial, liderado por MIDES, el MSP y UNICEF, el programa propone trabajar desde el modelo ecológico social, brindando herramientas a los jóvenes, los adultos y la comunidad en general. El Programa se incluye en el Plan Nacional de Salud Mental y Adicciones del Poder Ejecutivo.
No hace falta ser experto para entender la necesidad que tenemos de innovar en este tema. Desde el ministerio de Desarrollo Social venimos trabajando desde el año 2021 para poner en marcha este Programa, conociendo experiencias exitosas en otros países, construyendo con nuestros equipos técnicos, y particularmente involucrando a los verdaderos protagonistas en esta historia: los adolescentes y jóvenes.
Falta mucho, pero estamos avanzando.