Ruben Loza Aguerrebere
Borges decía que la lectura es una actividad más noble que la escritura. La frase la ha recordado el famoso escritor italiano Antonio Tabucchi, al que el lector disfrutó leyendo "Sostiene Pereira" o viendo la versión cinematográfica de esa novela. La mencionamos en estos tiempos en que todos escriben pero pocos lo hacen, como señala el académico francés Jean d`Ormesson, para ayudar a ver más claro, para comprender, a impedir que nos derrote el olvido. Todos son ajenos, por ejemplo, a la inspiración creadora que deparan novelas o relatos que, al decir del (ahora) Premio Nobel Vargas Llosa, importan porque "enriquecen el espíritu del lector".
Y bien, tenemos a la mano una reciente edición de un libro que tiene estas características que reclamamos. Su autor es el célebre Arthur Miller (nacido en 1905 y fallecido en 2005), ganador del Premio Príncipe de Asturias, entre tantos galardones más. Este famoso dramaturgo estadounidense (autor de "Las brujas de Salem", "Panorama desde el puente" y "Muerte de un viajante") es el autor de un libro de cuentos que acaba de aparecer, titulado: "Y ya no te necesito" (Tusquets). En él, Miller reúne nueve cuentos sobre la conducta y protagonismo del individuo, sobre los conflictos raciales y las peripecias de los marginados. Son sus temas habituales. Aquí podemos leer el cuento "Los inadaptados" (ganador del Pulitzer), que diera lugar a la película así llamada, con guión de Arthur Miller y dirección de John Houston, con la actuación de su aún entonces esposa Marilyn Monroe y Clark Gable.
Naturalmente, "Y ya no te necesito", reúne relatos que tienen estrecha relación con la obra teatral, porque, como decía Sábato, el escritor verdadero escribe siempre sobre el mismo tema, aunque cambia las anécdotas. Hay un cuento, el del título, donde un niño descubre las alegrías de la libertad y las experiencias del aislamiento. En otro de sus relatos, Arthur Miller habla de la fidelidad a los principios de los hombres en la fe, en las virtudes democráticas y en el compromiso con la sociedad. En otro relato, un judío norteamericano descubre sus vínculos con la Historia gracias a un viaje a Italia.
Dice Arthur Miller que "en comparación con la creación de obras teatrales, escribir relatos es indudablemente más placentero". Y ello, porque "puede ser tan conciso como su tema requiere".
Podríamos decir que habituado a escribir para el teatro, es decir, historias que se expresen a viva voz desde el escenario, en sus cuentos descubre que, en la narrativa, la escritura se hace para los ojos, no para el oído, y por lo tanto, su belleza, vuelo y la pintura de los personajes imaginarios, se da la mano con la realidad por medio de la sucesión de ideas a las que dejar rodar en sus historias. Por otra parte, todo libro bien escrito lleva más tiempo para leerlo que aquél que es superficial.
El formato breve le sentaba bien a Arthur Miller. Así lo demuestran estos mundos imaginarios que seducen porque son un compendio profundo de la realidad.