Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Liberalismo no es laissez-faire

Es frecuente ver cómo se confunden. Muchos creen que son la misma cosa o, por lo menos, que el laissez-faire es la esencia del liberalismo.

A veces la confusión la generan exprofeso los enemigos del liberalismo. Aquellos que apuntan, con tanta estridencia como animosidad a cucos, como: “la dictadura del mercado”, “la economía casino”… etc.

Pero los hay también que se confunden por ignorancia.

Entonces, es bueno aclarar los tantos, poniendo cada cosa en su lugar.

Preocupación compartida, además, por la enorme mayoría de los liberales del siglo XX, quienes hicieron hincapié en que se distinguiera su concepción liberal de la clásica. Para ellos, el laissez-faire económico era insuficiente e impreciso. El liberalismo debía construir una política económica moderna, dentro de un pensamiento filosófico que abarca más que la sola economía.

Por otra parte, no hay (nunca hubo) un solo liberalismo. Por eso es difícil darle una definición unívoca. Podemos convenir en describirlo, genéricamente como una ideología basada en la libertad individual a partir del accionar racional del ser humano, basado en su interés personal y asistido por la combinación de un mercado libre con un gobierno limitado.

Como se ve, una definición bastante genérica. A partir de ella hay que ponerse a precisar varias cosas. Para empezar, qué entendemos por un mercado libre y qué por un gobierno limitado. En ninguno de los dos temas hay posiciones idénticas entre los pensadores liberales, ni puede haber fórmulas sacramentales aplicables a toda realidad, cuando esta suele ser tan diversa y, además, tan poco estática.

Las dificultades para aterrizar los dos ejes, mercado libre y gobierno limitado, nacen de la naturaleza humana, tanto de su realidad (falible, imperfecta, corruptible… etc.), como de la visión antropológica de cada pensador. Así, muchos liberales lo son porque tienen una razonable desconfianza acerca de la capacidad del hombre para ser (y mantenerse) virtuoso. Por esto lo prefieren con poco poder sobre sus hermanos, limitado por la dispersión del mercado y el imperio de la ley (doblemente: sobre el mercado y sobre la extensión del gobierno).

Así para Von Hayek, la ley (rule of law), es la base de un orden liberal al regular, simultáneamente, un funcionamiento transparente y equilibrado del mercado, junto con un accionar estatal adecuado y justo. Su concepción de la libertad sigue la fórmula anglosajona: no es libertad, a secas, sino Liberty within the law. A diferencia de la concepción del laissez-faire, para Hayek el estado es un factor esencial para garantizar las condiciones de una libre competencia. En áreas como los sistemas monetarios o la eliminación de monopolios, Ha-yek postula la presencia del gobierno. El problema en esto es dónde fijar los parámetros. Que fue precisamente, la critica que Key- nes le hizo a Von Hayek, de quien era muy amigo: “Tú concuerdas en que hay que marcar una línea en algún lado… que el extremo lógico no es posible. Pero no das una pista acerca de dón- de debe ser marcado” (Jun 1944.)

La respuesta de Hayek es una suerte de regla de tres teorías, “…si en el caso particular, las ventajas obtenidas (por regular) son mayores que el costo social que impone”. Sobre este punto, la concepción de Hayek abarca más que el campo de lo económico, criticando a quienes no se dan cuenta que, por ahí, por la regulación y planificación económica, es por donde comienza la pérdida de libertad de las personas.

En definitiva, el liberalismo, fuera de pensadores marginales, no postula ni la perfección del mercado, ni su superioridad para todas las actividades del ser humano. No cree que lo mejor sea simplemente dejar hacer.

Otra vez, al no ser el liberalismo una fórmula química o matemática, las opiniones o juicios acerca de la línea de demarcación, para el mercado y para el estado, dependerá de la realidad.

Quizás, si analizáramos la realidad de Singapur, nos inclinaríamos por un grado mayor de presencia estatal, por ejemplo, regulatorio. Pero decir que en el Uruguay hay un peligro de “volver al neoliberalismo” es lo que, con juicio certero, el senador Heber tildó hace poco de estupidez. Imagínense, en un país donde el estado monopoliza, interviene o regula, entre otras cosas:

-La seguridad, la salud, la educación el mercado laboral, las finanzas, los seguros, la construcción, la energía, el combustible y las telecomunicaciones.

-Carreteras, puertos, Comercio Exterior, producción de alimentos, agricultura, ganadería, forestación, pesca, minería, comercio, servicios profesionales, la seguridad social y los medios de pagos.

-Transporte de carga, transportes de pasajeros, propiedad inmobiliaria, cuidadores de autos… etc. y los entierros.

De lo poco que queda afuera, ahora quieren mandar para adentro el voluntariado.

En definitiva: ¡pavadita de laissez-faire! Hay más neoliberalismo en Suecia, Noruega, Finlandia y otros países catalogados de socialdemocracias, que en nuestro país. A no seguir tragándose la pastilla.


Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)