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IAVA ayer y hoy

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El pasado 9 de mayo fue “El día del Abogado”. La velocidad con que pasa el tiempo la sentimos mayor cuando recordamos nuestro ingreso a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, de la Udelar, en marzo de 1965. Previamente los alumnos de institutos privados de secundaria -los viejos “Preparatorios”- a los que tocaba dar exámenes en el Instituto Alfredo Vásquez Acevedo (IAVA) habíamos conocido en los dos años previos algo de lo que nos esperaba. Hechos reciente nos lo recuerdan.

En 1963, al cierre del año de clases al concurrir en los albores del verano deseando llegar a las vacaciones tras las pruebas el edificio estaba “ocupado”. Poco más de diez estudiantes de ese centro estaban adentro y se las habían ingeniado para que nadie pudiese entrar ¿Por qué ocurría eso? ¿Quién podía saberlo? Pasó un día, pasaron dos, y quienes anhelábamos superar la instancia de los exámenes y empezar la vacación, teníamos que ir día a día a la puerta de ingreso al costado del edificio en la calle Eduardo Acevedo, a ver si nos iban a dejar dar exámenes o no. Recuerdo a un personaje disfrazado de “Che” Guevara con una boina en la cabeza, que desde una ventana nos pedía le lleváramos “sangüiches” y refrescos del bar de la esquina para “seguir la lucha” (¿cuál?). El ambiente se puso pesado y a algunos hartos de la espera se les ocurrió hacer un ariete. Se abrió por la fuerza con él una entrada lateral y se ingresó en masa al edificio. Los ocupantes habían puesto los pies en polvorosa. Dimos los exámenes y comenzamos las vacaciones.

Quienes estudiaban y estudian en centros privados lo hacen por diversos motivos. Es originalmente una decisión de los padres. En aquellos tiempos había centros privados en los que se enseñaba ingles y practicaban deportes, lo cual no era algo extendido. Para muchos importaba el tema religioso o cultural de algunos institutos, en otros casos la cercanía de la casa, etc. Promedialmente los padres que pagan los estudios no son ricos y les hacen sentir a los hijos que deben cumplir sus obligaciones en respuesta al esfuerzo económico que realizan. En la enseñanza pública hay una idea asumida por muchos que todo es gratis. Y, que nadie paga. Cuando a la enseñanza la paga Juan Pueblo con impuestos aportados desde quienes tienen más hasta quienes tiene menos. Para el bien de los jóvenes y del país.

Palabras aparte merece el uso ideológico y político de las aulas públicas. Nuestra vida universitaria aludida fue caótica y plena de desbordes de facciones antidemocráticas y extremistas. Mi generación perdió más de dos años entre huelgas “estudiantiles” y ocupaciones, hasta que un día llegó la intervención dispuesta por el Poder Ejecutivo, que implicó seis meses sin cursos ni exámenes. Cuando un estudiante falleció preparando una bomba que le explotó en la mano, en la Facultad de Ingeniería el 27 de octubre de 1973. A la cabeza de todos los desórdenes estaban grupos extremistas y el partido comunista y su brazo universitario hasta hoy: la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU).

Luego de tantos años el IAVA ha sido noticia por un grupito de agitadores, que han ocupado y depredado instalaciones de esa casa de estudios, en nombre de argumentos que evidencian una falta total de responsabilidad. Deberían agradecerle al pueblo lo que les da. Y ponerse a estudiar. Son astronautas del peor ayer.

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Ricardo Reilly Salaverri

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