Ruben Loza Aguerrebere
Con "previo fervor y misteriosa lealtad", para decirlo a la manera de Borges, nos acercamos a Javier de Viana, quien levantó el vuelo en silencio hace 85 años, dejando una huella honda en la arena del corazón de sus lectores, así como en las letras uruguayas. Tenía 58 años.
Descendiente del Mariscal José Joaquín de Viana, primer Gobernador de Montevideo, y un auténtico clásico de las letras gauchescas rioplatenses. Es uno de los pocos escritores cuyas creaciones literarias han llegado a convertirse en prototipo de temperamentos y de hombres. Es uno de los escritores hoy estudiado en universidades de Estados Unidos.
Fue periodista y escribió en las páginas de este diario. Y llegado el momento se enroló en las filas revolucionarias de "El Quebracho", y en 1904; con ello, este hombre de alma altiva escribió dos libros hoy clásicos: "Crónicas de la Revolución del Quebracho" y "Con divisa blanca", obra, ésta, que recoge "una dolorida y heroica circunstancia", como escribe el Dr. Enrique Beltrán en el prólogo de la reedición publicada por "Ediciones de la Plaza".
Javier de Viana nació en "Villa de Nuestra Señora de Guadalupe", hoy Canelones, el 5 de agosto de 1868, según está documentado en la partida 384, folio 136, del libro 12 de Bautismos de aquella Parroquia. Se establece allí que el niño es hijo de Joaquín de Viana y de doña Desideria Pérez y que fue bautizado por el Presbítero Andrés Bañati.
Hasta los once años vivió en la estancia paterna, según contaba, "sin ninguna contaminación con el ambiente de los pobladores, chicos o grandes". Y agregaba: "No sabía leer en los libros, pero sabía hacerlo en la naturaleza, y cuando me enviaron a la capital para iniciar los estudios elementales mi alma iba imbuida de inmenso amor a lo bello, a lo noble, a lo fuerte y a lo justo". A los dieciséis años se graduó de bachiller en letras, pero le gustaba aclarar que fue así "no obstante la interrupción de tres debido a mi aislamiento en las filas revolucionarias".
La vasta obra literaria de Javier de Viana se nutre de numerosos libros de cuentos (muchos de ellos están aún dispersos en revistas rioplatenses), y de novelas clásicas como "Campo" y "Gurí". Fue un escritor realista y naturalista, en cuyos libros había rasgos del modernismo; pintó al gaucho con trazos vigorosos y creó personajes definitivos y simbólicos.
Javier de Viana murió, enfermo y pobre, en La Paz, en 1926. Desde entonces, sus gauchos (hombres que miraban el campo desde la altura del caballo) comenzaron a trabajar por su memoria. Hoy, es un escritor al que enriquecen los años y ha dejado un fecundo testimonio del hombre de su tiempo. Su literatura nos enriquece con las pasiones de esos gauchos, hombres rudos y templados en la soledad, y, como decía Borges, dueños de un solo lujo: el coraje. Ellos son los representantes de una época y de un lugar en el tiempo que se desvaneció. Un tiempo de alboradas, de campo abierto, de puñales, que sobreviven en la sangre y en no pocas historias eternas. Sumarle otros elogios, sería restárselos.