El pasado 8 de abril, reiterando una tradicional reunión ante los restos del legendario Caudillo Luis Alberto de Herrera, evocando su nacimiento, en el Cementerio Central, se reunieron dirigentes políticos y gente, reavivando la llama de la columna herrerista del Partido Nacional. La oratoria principal estuvo a cargo del Dr. Luis A. Lacalle Herrera. Impulsor del “Herrerismo” en su renovación moderna.
Los valores republicanos, el Estado de Derecho, los derechos humanos y la inquietud social realizable, tienen aquí a uno de los movimientos populares impulsores de ellos. Cuando fallece una persona de sólido pensamiento, suele decirse que “se va una biblioteca”. Físicamente es así, pero intelectualmente esa persona culta es eslabón de una cadena que se pierde en los orígenes de la civilización. Y, su prédica se suma, multiplica y extiende en muchos otros. Contribuyendo a la formación de una conciencia colectiva que por la familia, la enseñanza, la vida cotidiana, el estudio y la experiencia, hace que los valores de una civilización histórica se proyecten al porvenir. Base firme de la cultura judeo-cristiana, greco-latina y romana que es base de Occidente.
Lacalle Herrera destacó entre otros temas dos que se referirán seguidamente. Uno es el del sentido nacional del destino del país. Desde las horas primeras de la nacionalidad hubo quienes quisieron embanderarnos con Inglaterra, o Francia, o Portugal, o Brasil, o con el centralismo porteño, como hoy otros se alinean con la internacional socialdemócrata o el populismo del Foro de San Pablo, o los “BRICS”.
El “viejo” Herrera ilustraba su idea evocando al poeta Musset: “Mi copa es pequeña pero yo bebo de mi copa”. Vale evocarlo cuando grandes imperios capitalistas, como lo son Estados Unidos, Rusia y China, quebrando el orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, impulsan pretensiones territoriales sobre otros estados y entran en una guerra comercial, arancelaria y proteccionista planetaria de derivaciones imprevisibles.
El otro aspecto a destacar es el revisionismo histórico. En el pasado rioplatense y regional contra la historia oficial construida secularmente por los gobiernos y sus grupos de poder amigos se levantó una moderna revisión de dicha historia oficial. Reivindicando causas tales como el federalismo republicano de Artigas, o el atroz genocidio del pueblo paraguayo impulsado por la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), promovida por el argentino Bartolomé Mitre, el emperador Pedro I de Brasil, y el caudillo colorado Venancio Flores. Empeño que derrocó a Pedro Berro legítimo presidente oriental perteneciente al Partido Nacional, entronizando como “Gobernador Provisorio” a Venancio Flores. Fue un empeño que derivaría a facilitar la rapiña de territorios paraguayos.
Actualmente, quienes asaltaron a la democracia uruguaya desde mediados de los años 60 del siglo pasado en adelante, tupamaros y afines, quieren establecer incluso mediante leyes, que sus atrocidades se hicieron para combatir a una dictadura militar. Mentira. Se alzaron contra una democracia vigente. Y es tiempo de esclarecer ante las generaciones futuras esta y otras verdades a las que se quiere adulterar. El gobierno de facto, consecuencia directa del asalto terrorista contra las instituciones, se consolidó en 1973. Es una de las circunstancias que claman la reafirmación de su verdad histórica.