RICARDO REILLY SALAVERRI
Por estos días, notoriamente el país ha regalado parte de su soberanía nacional a impulsos de la improvisación que caracteriza al gobierno.
Improvisación igual a la que dio impulso a la abstrusa reforma tributaria pergeñada por tecnócratas al servicio del sistema financiero internacional, asignados a limitar las libertades de los individuos y la reserva de privacidad dentro de nuestras fronteras, hecha propia por Astori y Vázquez.
Similar a la que promovió la reforma de la salud que hoy nos despierta con el caos imperante, en el que no hay anestesistas para operar en Rivera, a quienes esperan cientos de pacientes, se han saturado múltiples consultas de médicos especialistas en las mutualistas y el Casmu, la institución con más afiliados de la república, adeuda salarios y pisa los umbrales de la quiebra.
¿Y, que decir de la seguridad pública y de la situación de las cárceles, de las que un especialista de las Naciones Unidas viene de decirnos son una violación monumental e incomparable de los derechos humanos de los reclusos?
Es el nuestro un país ordenado y serio, que no lava plata de narcos, ni traficantes de armas, y prevé controles al respecto. Los países más poderosos, que son los consumidores de drogas de todo tipo y los principales fabricantes de armas del mundo que mueven fortunas incalculables en el manejo de estos negocios, con plata que circula por sus bancos y su sistemas financiero; los que tienen notorios paraísos fiscales -Virgin Islands, Caynman Islands, Estado de Delaware, Antigua, Antillas holandesas, islas Man, etc - se han dignado, en reciente concilio ecuménico, ponernos en no se sabe qué lista negra.
En medio de, primero la imperdonable omisión del conocimiento anticipado del tema que exhibió el gobierno uruguayo, y luego con la reacción oficialista, traducida en la acción de quienes presurosos y asustados salieron a entregar nuestra soberanía, antes que a defenderla.
Los países más grandes, que agobian con una presión tributaria insoportable a sus súbditos, con costos de producción de bienes y servicios que les sacan del mercado internacional, ven todos los días como se les fugan capitales y gente valiosa, a otros lugares en los que son recibidos con más cariño. Entonces el remedio es promover reformas como el mamarracho de impuesto a la renta a las personas físicas que compró el frentismo (incluida la eliminación de las sociedades financieras de inversión, SAFI) y limitar nuestras facultades de organizar las finanzas nacionales según sea nuestro honesto arbitrio. Y, además, quieren imponernos limitaciones y levantar sanas reservas de nuestro sistema financiero y comercial, simplemente en su propio beneficio.
Para evitar que sus súbditos se les vayan, asustándolos y emparejar a todos, incluyendo a países como el nuestro de pequeña incidencia en la escala universal, a integrarnos en la órbita de sus propios errores.
Con la soberbia del ignorante que le caracteriza, el "Pepe" Mujica, desconociendo la importancia de un sistema nacional financiero confiable, dijo la derrota celeste debe considerarse un triunfo.
¡Hay que ser nabo! Para creer y publicitar semejante descalabro nacional como bueno.
O, peor aún, hacerlo como servicio al matrimonio Kirchner, asustando a los inversores argentinos que aterrados por el caos de su país juegan su suerte a la seriedad de nuestra patria. Para bien del pueblo uruguayo.