Hasta sucumbir

Solo un puñado de blancos y casi toda la heroica Paysandú (no la gloriosa como la intentara rebautizar alguno que se quiso vestir con poncho ajeno), rememora, año a año, el cumplimiento hasta las últimas consecuencias de la divisa sanducera de la época: Independencia o Muerte.

No somos nosotros de los que creemos que nuestro Partido debe transformarse en una evocación histórica permanente, ni en un alegato continuo del pasado, pero sin dudas hay fechas que forman parte de algo tan propio y a la vez tan profundo que diferencia al Partido de Leandro Gómez frente al resto: su incansable lucha por la soberanía y hasta la entrega de su vida para defender su pensamiento.

Al inicio del año 2003 y frente a un sinnúmero de dificultades, es hora de replantearnos si estamos siendo dignos herederos de tan ricas tradiciones.

En la actualidad, la defensa de la soberanía no pasa por garantizar a nuestros compatriotas el más pleno desarrollo como seres humanos, obligándonos a brindarles las oportunidades indispensables para lograrlo.

En momentos de evaluación del impacto de la caída de nuestro Producto Bruto Interno, es evidente que el Partido Nacional debe proponer al Uruguay en su conjunto medidas que justifiquen nuestra existencia como Nación.

Al caer en visiones parciales y corporativas algunos se asustan sobre el costo del Estado y otros reivindican como sobresaliente el funcionamiento de nuestros monopolios estatales, soslayando que el grueso de la recaudación impositiva se destina a financiar nuestras pasividades y que el paso de los años transforma a nuestras empresas públicas, inexorablemente, en obsoletas.

Por lo tanto y como partido de la Nación, debemos encauzar las prioridades, proponer un debate mucho más sencillo: cómo volver a generar la riqueza perdida, redistribuyéndola en forma justa.

La forma más evidente para volver a crecer, es volcar todos los apoyos al crédito para iniciativas productivas y al comercio exterior, asumiendo como país esos elementales pero cruciales grandes objetivos, haciendo todos los esfuerzos para que la concientización exportadora se transforme en una política de Estado.

Con reintegros selectivos, donde a mayor innovación y tecnología aplicada se otorguen más beneficios; con asociaciones de microempresas que juntas adquieran condiciones de exportadoras; con instrumentos novedosos que permitan la radicación de inversiones nuevas en esta tan complicada pero rica región; con la inteligencia de aprovechar ese nuevo direccionamiento de nuestros grandes vecinos para producirles productos intermedios para su expansión comercial. Utilizando al máximo de su capacidad los resortes estatales en el exterior, complementando mercados, aprovechando a los más de cien especialistas que año a año egresan de nuestras Universidades.

Aquellos patriotas debieron morir por sus ideas, hoy nosotros, también hasta las últimas consecuencias, podemos vivir por ellas. Así podremos cumplir con nuestro rol histórico de ser blancos, que no es otro que el encontrarnos en la primera línea, proponiendo los más elevados objetivos para la Nación en su conjunto, ahora sin necesidad de armas, sin murallones, sin exponernos al pelotón de fusilamiento, sólo con las ideas y con la valentía intelectual que los nuevos tiempos exigen. Por todo eso, al igual que Leandro Gómez, pelearemos hasta sucumbir.

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