Luciano Álvarez
Un terremoto ha puesto ante los ojos y oídos del mundo a este pedazo de isla, de 27.750 kilómetros cuadrados y a sus diez millones de habitantes, los más pobres de todo el continente. Pasadas algunas semanas, los discursos, las campañas de ayuda y las promesas se habrán olvidado; Haití volverá a sumergirse en su olvidada historia. Quisiera que no fuese así, pero nada indica que las cosas puedan ser diferentes.
Una nación patética, así la definió Jean Métellus, (Haití, 1939), médico neurólogo, poeta, novelista, dramaturgo y ensayista, que vive en Francia desde 1959, en un libro publicado en 1987 "Haití, una nación patética."
"Patético", un adjetivo que hemos trivializado, esconde una riqueza de sentidos que se ajustan al título en cuestión. Es claro que puede entenderse como lo "grotesco, que produce vergüenza ajena o pena." Así lo admite la Real Academia, pero nos advierte que su primer sentido se refiere a todo aquello "que es capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes, y con particularidad dolor, tristeza o melancolía."
Una escena patética define -en los relatos- las quejas de un personaje, aplastado por el destino o a la íntima emoción que suscita una obra de arte.
"Lo que allí sucede sobrepasa la comprensión de una persona normal", dijo Métellus luego del último terremoto, aunque sus explicaciones tienden al "galeanismo", las culpas están afuera:
"Si Haití vive la suerte que le ha tocado, la causa debe buscarse en los celos de un mundo que jamás aceptó de buena gana que, en esta parte del Caribe se desarrollara un pueblo capaz de realizar todas las grandes obras humanas".
La colonia francesa "côtes et îles de Saint Domingue en l`Amérique sous le vent", es producto de la ocupación de la parte occidental de la Española por los piratas franceses. En 1697, el Tratado de Ryswick, concedió formalmente el territorio a Francia. Las plantaciones de café, tabaco, cacao, índigo y sobre todo de caña de azúcar, convirtieron a "Saint-Domingue" en una perla de la corona francesa: Medio millón de esclavos, unos 40.000 blancos y 60.000 libertos, mayormente mulatos, producían 3/4 del comercio mundial de azúcar y en 1788 sus exportaciones, calculadas en 214 millones de francos, eran superiores a las de los Estados Unidos.
La Revolución de 1789 sumergió a la colonia en el temporal político y militar. Haití fue una pieza en las guerra que la Francia revolucionaría libraba contra Inglaterra y España. Emerge entonces Toussaint Louverture, un esclavo liberado a los 33 años que tenía una granja de café de unas quince hectáreas con trece esclavos. Feo y pequeño, pero, inteligente, reflexivo, capaz de hablar poco y disimular sus pensamientos, fuerte, orgulloso y determinado.
Toussaint maniobró con habilidad y mediante alianzas sucesivas y alternadas proclamó la libertad de los negros: "Hermanos y amigos. Soy Toussaint Louverture; quizás el conocimiento de mi nombre haya llegado hasta vosotros. He iniciado la venganza de mi raza. Quiero que la libertad y la igualdad reinen en Saint Domingue. Trabajo para que existan. Uníos, hermanos, y luchad conmigo por la misma causa. Arrancad de raíz conmigo el árbol de la esclavitud. Vuestro muy humilde y muy obediente servidor, Toussaint Louverture, General de los ejércitos del rey, para el bien público."
Su proyecto no era la independencia, sino la autonomía. El 9 de mayo de 1801 proclamó una constitución que le concedía el título de Gobernador vitalicio, restableció el orden en la economía y se rodeo de una etiqueta rigurosa. Pero su experiencia terminó en 1802, derrotado por los franceses, aliados a los mulatos y la traición de varios de los suyos.
Sin embargo, el proceso era irreversible. Encabezados por Jean-Jacques Dessalines, los ejércitos negros y mulatos derrotaron a los franceses y declararon la independencia, el 1º de enero de 1804. Haití, ese fue el nombre elegido para la nueva república, era el segundo país del continente americano en obtener su independencia, con la peculiaridad de que la revolución triunfante se había iniciado en 1791, como una rebelión de esclavos. Era una novedad en la historia.
Pero lo que sigue ya no fue novedoso, apenas peculiar: "Los padres de la patria" comienzan a destruirse entre sí, a proclamarse presidentes vitalicios, reyes o emperadores.
Jean Jacques Dessalines, que se había proclamado rey como Jacques I, fue acribillado el 17 octubre 1806 por una conspiración liderada por sus antiguos colaboradores Alexandre Pétion, y Henri Christophe. Estos dos se dividen el país. Uno se proclama presidente vitalicio y muere de fiebre amarilla en 1818, el otro se proclama rey como Henri I, (todos los reyes y emperadores de Haití no superaron ese "I").
En 1820, en medio de una misa, disminuido por un ataque cerebral, y jaqueado por insurgentes, se pegó un tiro en el corazón, con una bala de plata.
Desde entonces, Haití no cesó de empobrecerse. Lo que fuera un suelo rico para los cultivos se convirtió en un páramo por causa de la sobreexplotación, la erosión del terreno y la descontrolada deforestación: la superficie arbolada, que era del 60% en 1923 ocupa ahora menos del 2% del territorio.
Hubo que esperar hasta 1874, para que un presidente terminara normalmente su mandato. Metellus recuerda que sobre 37 jefes de estado, 6 murieron de muerte natural mientras ejercían el poder; 14 fueron depuestos y otros 4 asesinados; 9 murieron en el exilio, mayormente dorados, en París o los EE.UU.
La larga lista de jefes de estado incluye déspotas ilustrados como el legendario «Papá Doc» Duvalier, tanto como generales analfabetos como Jean-Louis Pierrot. Entre 1915 y 1934 el país fue ocupado por los Estados Unidos.
En 2003 Jean Métellus, presentó una reedición de "Haití, una nación patética" con esta advertencia:
"El patetismo de esta situación se basa en que, a pesar del precipicio frente al cual se encuentra el país, mis compatriotas no son capaces de discutir sinceramente alrededor de una mesa y no parecen decididos a encontrar mínimos terrenos de entendimiento".