Jorge Traverso siempre ha sido uno de esos amigos que uno no frecuentaba pero que, cuando se lo cruzaba, retomaba la familiaridad de hablar con un hermano de la vida.
Como a muchos, su muerte me pegó duro, no solo por haber sido un referente principal de excelencia periodística en prensa, radio y televisión, sino por su militancia de siempre en favor de la cultura uruguaya, promoviendo en forma entusiasta e incansable la labor de nuestros artistas.
Sé que con esta nota me expondré al prejuicio a la moda de que hay que escapar al conservadurismo, al “todo tiempo pasado fue mejor”.
En nuestras sociedades progres, está cada vez más arraigado el concepto de que si uno venera la tradición, es un anticuado reaccionario que no entiende la evolución de las comunicaciones.
Llámenme así, está bien, pero admito que extraño el estilo periodístico que Jorge convirtió en canon desde los inicios de su actividad profesional, junto a otros maestros de distintas edades como Carlos Maggi, Rubén Castillo, Luciano Álvarez, Néber Araújo, Otto Cisneros, Julio Villegas, Sonia Brescia, María Eloísa Galarregui, Gerardo Sotelo, Diego Fischer, Alfonso Lessa, Emiliano Cotelo y Ligia Almitrán. Son diversas generaciones de intelectuales con ideologías de lo más variadas, pero que abrevan en un estilo común: el respeto por los temas y los entrevistados, la calidez en el trato, el cuidado en el uso del lenguaje, la vocación de ampliar la mirada en vez de estrecharla y de motivar los debates en lugar de cancelar al que piensa diferente.
Unos cuantos de ellos integraron el semillero de Radio Sarandí, prohijados por un coloso de la comunicación nacional que a esta altura merecería un monumento: Jorge Nelson Mullins (1932-2007).
Siempre he sentido que hubo una fecha precisa del año 2003 en que ese dogma empezó a perder pie, lenta pero inexorablemente: cuando en un programa de canal 12, el entonces diputado José Mujica dijo a un sorprendido Araújo, “no sea nabo, Néber”. El quiebre del respeto mutuo que allí se produjo atrajo a un público desculturizado y abrió las puertas de la decadencia.
La influencia de cierto periodismo chatarra made in Argentina también hizo lo suyo. Siendo presidente, Fernando de la Rúa fue sometido a las burlas de Marcelo Tinelli. Jorge Rial expuso a un reputado cirujano plástico, en presencia de su esposa e hijos, a la cámara oculta en que pedía favores sexuales a una mujer trans. Crónica TV trasmitió en directo el intento de suicidio de un hombre desesperado. Un panelista iracundo y extravagante generó tanto rating que se convirtió en presidente. Todas esas vistosas calamidades ejercieron notoria influencia en los gustos del público uruguayo, empujando también a nuestro periodismo de medios masivos a un estilo más transgresor y contestatario, donde la misión de informar se empezó a mezclar con la pretensión de opinar de cualquier cosa sin base ninguna, y donde algunos comunicadores priorizaron su divismo por encima del énfasis en los entrevistados.
Así llegó la época de los “carajos” y los “boludos” en el habla habitual ante el micrófono y las cámaras, la comida de las eses, las interrupciones prepotentes a los invitados y hasta los jueguitos de hacerles preguntas de cultura general para que se pisaran el palito y quedaran en ridículo. Sin contar con los embanderamientos partidarios encubiertos, como pa quedar bien con la barra, ¿vio? Pero qué vamos a hacer. Parafraseando a nuestro homenajeado, así está el mundo, amigos.
Nada de esto hacían las generaciones que tuvieron en Jorge Traverso a uno de sus mayores exponentes. Y para muestra de que siguió fiel a su estilo hasta sus últimos días, basta ver cualquier emisión del programa Periodistas de canal 5, donde dio cátedra de pluralismo y objetividad, siempre desde el respeto y nunca desde el bardeo ruin o sensacionalista. Un programa que fue rápidamente discontinuado por el partido que conduce el nuevo gobierno, cuyas pobres credenciales de pluralismo quedan al descubierto en el abordaje capcioso que viene realizando desde hace años en los periodísticos políticos de TV Ciudad.
Quienes digan que aquel estilo que recordamos con nostalgia no era incisivo se equivocan. Fue en el ciclo Hablemos de Jorge Traverso donde el entonces precandidato colorado Jorge Batlle dijo su célebre frase “sentí que me cortaban el brazo”, en alusión a la preferencia del presidente Julio María Sanguinetti por la candidatura de Enrique Tarigo. Fue allí mismo que, una semana después, el propio Sanguinetti realizó un fuerte descargo de esa imputación.
La calidad periodística no debería medirse por el desparpajo con que se habla, el desaliño personal o la virulencia de opiniones altisonantes, sino por la capacidad de traducir los hechos con la mayor objetividad y extraer las ideas de los entrevistados con la mejor fidelidad.
Querido Jorge: gracias por haber dado cátedra en la puesta en práctica de esos valores. Ojalá que las nuevas generaciones sepan heredarlos.