Goles en contra

El ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, describió al Uruguay como un país pequeño y abierto a un mundo complejo e inestable. En su opinión, nuestro país es caro porque “producir seguridad, justicia, educación, salud y defensa para 3 millones de habitantes es casi tan caro como para 6 millones de habitantes. Además, Uruguay tiene un modelo de preferencia en su sociedad de alta cohesión, lo cual le da un rol al Estado muy relevante”. Para el ministro, “con niveles de inflación por debajo de 4%… tenemos que mejorar la eficiencia en el sector público, pero también en el sector no transable” (aquel que no comercia con el exterior)”. (El País. Lunes 12 de marzo).

Para conseguir un desarrollo sustentable, una economía con esas características necesita concentrarse en agregar valor, mejorar la calidad y la eficiencia de los bienes y servicios que exporta, y ser seria y confiable.

Uno de los elementos clave en los esfuerzos para mantener el modelo de desarrollo que eligió nuestra sociedad son los puertos. Especialmente el puerto de Montevideo. En tres sentidos.

Primero, porque es el punto de transferencia de la mayor parte de las importaciones y exportaciones generadas por la economía uruguaya. Como puerto, funciona, al mismo tiempo, como un umbral y un obstáculo. Segundo, porque es un exportador de servicios al resto de la región. Y, tercero, porque esas dos características están estrechamente vinculadas entre sí.

El transporte intermodal, uno de los elementos clave del proceso de la globalización, requiere inversiones cada vez más importantes en terminales especializadas capaces de operar con economías de escala. Y para conseguir esas economías necesitan concentrar un volumen creciente de carga.

Montevideo se adoptó muy bien a esas tendencias de desarrollo y se ha mantenido en una posición importante dentro del conjunto de puertos del Cono Sur. Un resultado que merece destacarse porque (a diferencia de los demás puertos de la región) una parte sustancial de su movimiento de contenedores es una exportación de servicios.

La información sobre el movimiento de buques y cargas del puerto ha mostrado un aumento sostenido a partir de la Ley de Puertos de 1992.

Hasta el año pasado, cuando tuvo lugar una disminución del movimiento de contenedores, que pasó de 1,1 millones de teu en el año 2024, a 857.491 teu. Ello se debió a una fuerte reducción en el movimiento de contenedores en transbordo. En dos sentidos: no solamente cayó el movimiento de contenedores en transbordo (de 615.961 teu en el 2024 a 323.677 el año pasado), sino también en la importancia relativa de este sector, que pasó de representar el 55,3 % del movimiento total de contenedores en el primer año al 37,8 % en el segundo.

Las causas de esa caída incluyen factores externos, sobre los cuales nuestro país tiene poca influencia (los demás puertos también progresan, las estrategias de las grandes compañías navieras), a factores sobre los cuales si tenemos control. Incluyendo demoras en las operaciones o las frecuentes interrupciones de la labor portuaria.

La disminución de los transbordos no solamente representa un recorte notable en las exportaciones de servicios al resto de la región, sino también tiene un impacto sobre el comercio exterior uruguayo.

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