Giuliano: lo único seguro es que está muerto

Luciano Álvarez

Tendría unos doce años cuando el radioteatro de Julio César Armi me reveló por primera vez la leyenda de Salvatore Giuliano; también supe que había una película, pero nunca pasó por los cines del barrio y el relato fue a parar al mismo cajón de la memoria que incluía los de otros bandidos de honor: Martín Aquino, Juan Moreira o Jesse James.

Los tópicos del género se repiten y las historias se mezclan: fuera de la ley por una desgracia del destino, protegido por el pueblo, asesinado cobardemente por un traidor.

Pasó el tiempo y me encontré con "Salvatore Giuliano" en Cine Universitario. Claro que aquella versión de Francesco Rosi poco tenía que ver con mi infancia y mucho con mi pasión por el tipo de cine que estaba descubriendo por aquellos días. Más tarde, en 1987 Michel Cimino y Mario Puzo me aburrieron con una versión fantasiosa y arbitraria.

Salvatore Giuliano nació el 16 de noviembre de 1922 en Montelepre una comuna siciliana de 5.600 habitantes, en la región de Palermo. Durante sus años de fama llenó las páginas de la prensa mundial, que peregrinaba hasta sus escondites para entrevistarlo, publicar sus cartas y retratar a ese bello ejemplar de hombre mediterráneo, hecho a la medida para las cámaras complacientes del periodismo.

Su vida pública comenzó vertiginosamente en 1943. El 10 de julio las fuerzas aliadas desembarcaron en la isla y Patton ocupó Palermo el 22.

La leyenda dice que Turiddu, así le conocían en el pueblo, se unió a las fuerzas antifascistas y aprendió rápidamente el manejo de las armas y las tácticas de guerrilla, probablemente instruido por militares aliados.

Cuando los soldados americanos siguieron hacia la península, Sicilia quedó en una situación de desgobierno, de luchas políticas y sociales intensas, donde la mafia -que había apoyado logísticamente el desembarco aliado- jugaba un papel clave.

En medio de una situación social en la que "el hambre podía recogerse con un rastrillo", según la metáfora de un contemporáneo, el mercado negro y el contrabando controlan el magro abastecimiento.

El 2 de septiembre de 1943, Salvatore Giuliano, de 21 años, es sorprendido por dos carabineros mientras trafica con unas bolsas de harina; se produce un tiroteo y mata a uno, el primero de una lista de 70. Ya tenemos la fatalidad que inicia toda leyenda de bandidos.

Turiddu se tira al monte, y en poco tiempo forma una banda proclamada "Ejército voluntario para la independencia de Sicilia". La lucha patriótica incluye el negocio del secuestro, manejado con el buen tino de repartir generosamente sus ganancias entre los vecinos que lo admiran y cobijan. Recientes investigaciones aseguran que para ese entonces ya había sido reclutado por la mafia.

En 1946, frustrado el proyecto independentista, la mafia tenía otras preocupaciones: el crecimiento de los partidos de izquierda entre los campesinos, que desafiaban su poder y el de los terratenientes aliados. Giuliano mantuvo su ideas, pero continuó al servicio de la mafia.

El 20 de abril de 1947 el "Blocco dei popolo" (Socialistas y comunistas), registró un espectacular avance en las elecciones regionales.

Fue por esas fechas que Salvatore Giuliano hizo pública una carta dirigida, al "Querido presidente Truman", de los Estados Unidos, donde el bandido se autorretrata en toda simpleza y vanidad. Comienza diciendo:

"Si no lo molesto y si mi carta no lo encuentra mal dispuesto, quiera Ud. aceptar el humilde pedido de un joven (…) que le pide ayuda para la realización de un sueño (…). Permítame presentarme, me llamo Salvatore Giuliano. Los periodistas me han convertido tanto en un héroe legendario, como en un delincuente común. Supongo que Ud. tendrá alguna idea, al menos, de quien soy".

Luego de justificar su vida fuera de la ley, vuelve sobre su sueño: "En 1944, los muros de la mayor parte de las ciudades sicilianas, incluso Palermo, se cubrieron de afiches en los que se veía a un hombre (yo mismo) que rompe las cadenas que ataban Sicilia a Italia, mientras que otro, sostiene la que une América con Sicilia".

Luego de una encendida protesta contra el yugo italiano, insiste sobre su deseo de anexión y comunica su alineamiento sin fallas en la guerra contra el comunismo.

En los hechos su organización es un verdadero "partido antibolchevique, dispuesto a todo, para eliminar el comunismo de nuestra amada isla".

Probará su compromiso con una infame matanza. El 1º de mayo de 1947, unas tres mil personas celebran el día de los trabajadores con una jornada campestre en Portella della Ginestra. De pronto suenan disparos.

Hay quienes creen que son petardos y aplauden, una mula cae herida, luego una niña. Los tiros vienen desde la altura del valle y duran un par de minutos; suficientes para dejar once muertos y 27 heridos.

El gobierno italiano envía entonces a Sicilia el "Comando-fuerza para la represión del bandolerismo" (CFRB).

Pasarían todavía tres años hasta que, a las siete de la mañana del 5 de julio de 1950, la radio difundió la noticia de la muerte del bandido.

La información oficial decía que se produjo en Castelvetrano, luego de un intenso tiroteo, producto de una sofisticada emboscada planeada por el CFRB. Los periodistas invadieron la ciudad de 30.000 habitantes.

El 16 de julio, Tommaso Besozzi publicó en "L`Europeo" un artículo titulado: "Lo único seguro es que está muerto", donde se daban las primeras pistas de la verdad. En realidad, Giuliano había pasado la noche en una granja. La policía llegó hasta allí merced a la delación de su primo y compañero de banda, Gaspare Pisciotta.

Lo mataron durmiendo, hay quienes dicen que fue el propio Pisciotta, luego lo sacaron al patio y allí lo dejaron, dispuesto por última vez para los fotógrafos.

La masacre de Portella Della Ginestra, su oscura muerte, el posterior envenenamiento de Pisciotta, han alimentado tanto la leyenda del bandido de honor como las teorías conspirativas.

Para unos, Giuliano jamás habría disparado contra el pueblo y los autores de la matanza habrían sido infiltrados.

Para los otros el bandido de Montelepre no era más que un "desprevenido, un ingenuo o un estúpido", manejado por intereses políticos destinados a empujar a la Democracia Cristiana hacia la derecha.

En el 2003 se presentó en el Festival de Venecia, "Secretos de Estado" (Paolo Benvenuti). La película comienza cuando un viejo profesor comunista arma con una treintena de fotos la estructura de una conspiración de la que participan Harry Truman, el papa Pío XII, el Cardenal Montini, futuro Paulo VI, el primer ministro democristiano De Gasperi, figuras de la mafia junto a agentes de la CIA y otros servicios secretos aliados.

A Salvatore Giuliano no le habría disgustado ser convocado por tanta gente importante.

"Lo único seguro es que está muerto". Mario Puzo escribió que para los sicilianos "la verdad era una fuente de poder, un instrumento de dominación, ¿Por qué iban a regalarla sin más?"

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